El verano de 1975 marcó un antes y un después en la historia del cine con el estreno de Tiburón, una película dirigida por Steven Spielberg que no solo salvó a Universal Studios de la quiebra, sino que también redefinió el concepto de blockbuster. Adaptada de la novela de Peter Benchley, la cinta se convirtió en un fenómeno cultural que transformó la percepción del océano y del tiburón blanco, convirtiéndolos en símbolos de terror y misterio. A medida que se celebra su 50º aniversario, es importante reflexionar sobre el impacto duradero que ha tenido en la industria cinematográfica y en la cultura popular.
### Un Cambio de Paradigma en el Cine Comercial
Antes de la llegada de Tiburón, los grandes éxitos de taquilla eran generalmente el resultado de un lanzamiento gradual. Las películas se estrenaban en pocas salas y, si lograban atraer al público, se expandían a más cines. Sin embargo, Tiburón rompió con este modelo al ser lanzada en más de 400 pantallas simultáneamente, acompañada de una agresiva campaña de marketing que incluía anuncios en televisión. Este enfoque innovador no solo llevó a la película a recaudar más de 470 millones de dólares a nivel mundial, convirtiéndola en la más taquillera de la época, sino que también estableció un nuevo estándar para los estrenos de verano en Hollywood.
Steven Spielberg, con solo 27 años, se convirtió en una superestrella gracias a esta obra maestra. Su visión y creatividad transformaron el cine en un evento social que la gente no podía permitirse perder. “Nos dimos cuenta de que si la gente acudía en masa el primer fin de semana, la película se convertía en un fenómeno social”, recordó Spielberg. Esta estrategia de marketing agresivo y la idea de convertir el cine en un evento global se han replicado en innumerables ocasiones desde entonces, convirtiendo a Tiburón en un modelo a seguir para futuras producciones.
### La Magia del Suspenso y el Miedo
Uno de los aspectos más fascinantes de Tiburón es cómo logró crear un terror palpable a pesar de que el tiburón mecánico, apodado “Bruce”, fallaba constantemente durante el rodaje. Este desafío técnico llevó a Spielberg a adoptar un enfoque indirecto en la narración. En lugar de mostrar al tiburón en cada escena, utilizó el mar como un punto de vista y se centró en los planos subjetivos del depredador. La música de John Williams, con su icónico tema de dos notas, se convirtió en un símbolo del terror que anunciaba cada ataque. “El tiburón nunca funcionaba, así que tenía que inventar otra manera de asustar al público”, confesó Spielberg. Esta limitación resultó ser una bendición disfrazada, ya que el miedo a lo desconocido se convirtió en el verdadero monstruo de la película.
El rodaje de Tiburón también es conocido por sus dificultades. Previsto para durar 55 días, se extendió a 159, con un equipo al borde del colapso y sobrecostes millonarios. Richard Dreyfuss, quien interpretó al oceanógrafo Matt Hooper, describió la experiencia como una mezcla de aventura y pesadilla. Las tensiones entre los actores, especialmente entre Dreyfuss y Robert Shaw, quien interpretó a Quint, añadieron un nivel de drama que se tradujo en una química perfecta en pantalla. La famosa escena del “monólogo de Indianápolis”, donde Quint narra el hundimiento del crucero y los ataques de tiburones, se filmó con Shaw parcialmente ebrio, lo que contribuyó a su autenticidad y emoción.
Tiburón no solo dejó una huella en la industria del cine, sino que también transformó la manera en que se representa el océano en la cultura popular. Antes de su estreno, el mar era visto como un espacio de aventuras y exploraciones; Spielberg lo convirtió en un lugar de amenaza y peligro. El tiburón blanco se convirtió en un monstruo cultural, comparable a Drácula o Frankenstein, y dio origen a un nuevo subgénero: el terror marino. Películas como Orca (1977) y Piraña (1978) fueron algunas de las primeras imitaciones, y el legado de Tiburón continúa en producciones más recientes como Infierno azul (2016) y Megalodón (2018).
El impacto de Tiburón también se sintió en la vida real. Tras su estreno, se reportó una disminución en la asistencia a las playas en Estados Unidos, ya que la imagen del tiburón quedó asociada al terror. Este fenómeno ha llevado a científicos marinos a trabajar arduamente para desmitificar la imagen negativa de estos animales. Desde una perspectiva cinematográfica, Tiburón se ha convertido en un caso de estudio en la teoría del cine, destacando el uso del fuera de campo y el protagonismo del sonido para crear tensión y miedo.
Hoy, a cinco décadas de su estreno, Tiburón no es solo un clásico del cine, sino un hito que cambió el rumbo de la industria del entretenimiento. La película no solo enseñó a Hollywood cómo vender el cine como un evento global, sino que también nos enseñó a temer al océano y a escuchar dos notas musicales y sentir escalofríos. Como reflexionó Richard Dreyfuss, “No sabíamos que estábamos haciendo historia. Solo intentábamos que el tiburón funcionara. Y al final, el verdadero milagro es que funcionó demasiado bien.”