El aeropuerto de A Coruña recibió a 195.135 viajeros en mayo de 2026. Las puertas automáticas se abrieron al ritmo de maletas rodando, familias con niños pequeños y turistas con mapas en la mano. Nadie parecía notar que, por unos días, Alvedro no era solo una terminal más: era la única puerta aérea abierta de Galicia.
El aeropuerto de A Coruña se convirtió en el eje aéreo de Galicia
Durante 28 días, el aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro permaneció cerrado para obras en su campo de vuelos. Esa paralización, programada por Aena, reconfiguró el mapa aéreo regional. El aeropuerto de A Coruña asumió la carga operativa: 1.787 operaciones aéreas, cuatro toneladas de carga y, sobre todo, 195.135 pasajeros.
Esa cifra no solo superó a la de Vigo, sino que dejó a Santiago en una posición inédita: operó solo tres días en el mes. En ese lapso, Alvedro se erigió como la principal infraestructura aeroportuaria gallega, según los datos oficiales de Aena.
El cierre de Santiago y su efecto dominó
Las obras en Santiago no fueron improvisadas. Forman parte de un plan de modernización del campo de vuelos, con inversión pública y plazos ajustados. Pero su impacto fue inmediato: rutas canceladas, reubicaciones de vuelos y una presión inusual sobre Alvedro. El aeropuerto coruñés, con capacidad certificada para 2,5 millones de pasajeros anuales, operó al 92 % de su capacidad máxima en mayo.
La demanda internacional crece pese a la infraestructura limitada
Aunque Alvedro carece de conexiones regulares con destinos lejanos, mayo mostró una tendencia clara: los enlaces internacionales ganan peso. Viajeros procedentes de Lisboa, París y Estambul se concentraron en la terminal. Aena ya ha anunciado estudios para habilitar rutas estables con Estambul, considerado un eje estratégico para conectar Galicia con el sudeste europeo y el norte de África.
La infraestructura gallega enfrenta una paradoja estructural
Galicia cuenta con tres aeropuertos operativos: A Coruña, Santiago y Vigo. Pero su distribución geográfica y su capacidad técnica no responden a una red integrada. Santiago, el más grande, estuvo inactivo casi todo el mes. Vigo, con menor tráfico, no absorbió la demanda desviada. Y Alvedro, el más pequeño de los tres en superficie, soportó la mayor carga.
Esta situación pone en evidencia una debilidad sistémica: la falta de coordinación operativa entre terminales y la ausencia de planes de contingencia que contemplen cierres simultáneos o prolongados.
El marco normativo: Ley del Sector Aeroportuario y Plan Estratégico de Aena
El cierre de Santiago se amparó en el Real Decreto 1072/2017, que regula las obras en infraestructuras críticas del transporte. Aena, como entidad pública empresarial adscrita al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, actuó bajo el Plan Estratégico 2023–2027, que prioriza la seguridad operacional por encima de la continuidad del servicio.
Sin embargo, la normativa no exige planes de redistribución obligatorios entre aeropuertos de la misma comunidad. Esa laguna permitió que Alvedro asumiera la carga sin haber sido previamente certificado para operar a ese volumen sostenido.
Los afectados: turistas, empresas y trabajadores locales
Más de 3.200 pasajeros diarios pasaron por Alvedro en mayo. Las colas en facturación se alargaron hasta los 45 minutos. El personal de tierra trabajó turnos extendidos. Las empresas de handling reportaron un aumento del 40 % en demanda de servicios. Y los hoteles de la ciudad registraron una ocupación del 98 %, especialmente entre viajeros con conexiones en Lisboa y París.
Pero no todo fue positivo. Algunos operadores aéreos denunciaron retrasos en la asignación de puertas y falta de espacio en rampa. Un representante de una aerolínea low-cost afirmó: «No estábamos preparados para gestionar 30 vuelos diarios adicionales sin ajustes logísticos previos».
Claves del asunto
- 195.135 pasajeros en mayo convirtieron al aeropuerto de A Coruña en el más concurrido de Galicia ese mes.
- Santiago-Rosalía de Castro estuvo cerrado 28 días por obras en su campo de vuelos, según Aena.
- Alvedro gestionó 1.787 operaciones aéreas, un 37 % más que su media mensual habitual.
- No existe un protocolo legal obligatorio de redistribución de tráfico entre aeropuertos gallegos ante cierres programados.
- Las rutas con Estambul y Lisboa se consolidaron como las más demandadas durante el periodo de desvío.
La historia de mayo no es solo un dato estadístico. Es una advertencia: la red aérea gallega funciona como tres piezas sueltas, no como un sistema. Y cuando una se detiene, las otras no están diseñadas para sostenerla.
