La luz del atardecer se cuela entre las vidrieras de la fachada de La Base, mientras un operario revisa los hierros forjados de la puerta principal. En la plaza de San Andrés, los vecinos siguen llamándola así, aunque su nombre oficial sea Casa Cabanela. Nadie lo duda: este edificio no es solo piedra y hierro, es memoria colectiva.
Un millón de euros por un pedazo de historia coruñesa
La operación se cerró el 12 de junio de 2026. Un inversor británico con residencia en Londres adquirió el inmueble por más de un millón de euros, según confirmó Quincemil en exclusiva. No es una compra cualquiera: se trata del edificio más fotografiado de la plaza, un referente del modernismo gallego y testigo silencioso de tres generaciones de coruñeses.
El inmueble fue construido en 1910, diseñado por un arquitecto aún no identificado en los archivos municipales, pero cuya huella se reconoce en los motivos vegetales de las fachadas y en la simetría audaz de sus balcones. Su nombre original, Casa Cabanela, honra a la familia que lo encargó. Pero desde 1992, cuando se inauguró la tienda de moda La Base, el nombre se volvió popular y se arraigó en el habla cotidiana.
La plaza que cambió de nombre pero no de identidad
Antes y después de la transición
La plaza de San Andrés no siempre se llamó así. Hasta 1979 fue plaza General Mola, en homenaje al militar franquista. Tras la transición, se recuperó su nombre histórico, pero el apelativo plaza de La Base sobrevivió en el uso oral. Hoy, los taxistas, los vendedores ambulantes y los estudiantes de la Escuela de Arquitectura lo siguen diciendo así. Es un caso de toponimia viva, no oficial, pero profundamente arraigada.
El legado arquitectónico en riesgo y en valor
La Casa Cabanela forma parte del Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Galicia, aunque no tiene la figura de Bien de Interés Cultural (BIC). Eso significa que su protección depende de la normativa municipal y de la voluntad del propietario. La Ley de Patrimonio Histórico de Galicia exige autorización para cualquier modificación sustancial, pero no impide la redestinación comercial ni la reforma integral —siempre que se respete la fachada y los elementos estructurales protegidos.
El nuevo dueño y los planes de reactivación
El inversor, cuya identidad no ha sido revelada públicamente, tiene experiencia en la rehabilitación de inmuebles históricos en el norte de Inglaterra y ya ha iniciado conversaciones con el Concello de A Coruña. Fuentes cercanas al proyecto indican que se prevé una intervención “sensible y contemporánea”, con espacios para uso mixto: comercial, cultural y de coworking. No habrá demolición ni alteración de la fachada principal, pero sí una actualización de instalaciones, accesibilidad y eficiencia energética.
La operación se enmarca en una tendencia creciente: la recuperación de edificios emblemáticos por inversores extranjeros con perfil cultural, como ya ocurrió con el Edificio Castelao en Vigo o la antigua fábrica de tabacos en Santiago. En A Coruña, este movimiento coincide con el impulso del Plan Estratégico de la Ciudad 2030, que apuesta por el patrimonio como eje de dinamización económica.
Claves del asunto
- La Casa Cabanela, conocida como La Base, fue construida en 1910 y es una de las obras modernistas más reconocidas de A Coruña.
- Se vendió por más de un millón de euros a un inversor británico con experiencia en rehabilitación patrimonial.
- Aunque no tiene figura de Bien de Interés Cultural (BIC), está incluida en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Galicia.
- La plaza de San Andrés sigue siendo llamada coloquialmente plaza de La Base, un ejemplo de memoria urbana no oficial pero funcional.
- El nuevo proyecto prevé uso mixto: comercial, cultural y de coworking, con respeto a la fachada y los elementos protegidos.
La venta no es solo un traspaso de propiedad: es un punto de inflexión para el barrio. Los comerciantes de la plaza temen el aumento de los alquileres. Los vecinos esperan que el edificio recupere su rol de polo de atracción cultural. Y los arquitectos locales observan con atención cómo se equilibra la innovación con la fidelidad histórica. Lo que está en juego no es solo un edificio, sino la forma en que A Coruña decide contar su propia historia —desde la piedra, sí, pero también desde la práctica diaria de quienes la habitan.