El retablo parece real. Las columnas se alzan, los ángeles emergen del muro y la luz cae como si atravesara una ventana invisible. Pero no hay madera, ni talla, ni relieve: solo pintura. En la parroquia de Santiago Apóstol de Isso, pedanía de Hellín (Albacete), un espectador se detiene, parpadea y vuelve a mirar. El trampantojo del siglo XVIII, obra de Pablo Sistori, sigue engañando a los ojos tras 270 años.
La asociación Hispania Nostra, junto a la parroquia y vecinos de Isso, ha lanzado una campaña de micromecenazgo para recaudar 35.000 euros. Es la única vía viable para iniciar una restauración integral del mural, cuyo estado actual es crítico: capas de polvo, humedad ascendente, grietas en el yeso y una capa oscura de costras salinas lo cubren como una segunda piel.
El trampantojo no es una ilusión, es una respuesta histórica
En el siglo XVIII, las autoridades eclesiásticas prohibieron la instalación de retablos de madera en numerosas iglesias españolas. El riesgo de incendio era alto, y los templos, construidos con madera y yeso, eran vulnerables. La solución fue artística: sustituir la talla por la pintura. Así nacieron los trampantojos: arquitecturas fingidas que simulaban profundidad, volumen y ornamento mediante la maestría del dibujo, la perspectiva y el claroscuro.
Una obra escasa y frágil
Pablo Sistori, pintor ítalo-español activo en la región durante la segunda mitad del siglo XVIII, dejó poca huella documentada en Albacete. El trampantojo de Isso es uno de los escasos ejemplos localizados de su autoría en la provincia. Y es, según Hispania Nostra, el que presenta el estado de conservación más preocupante de todos ellos. No ha sido limpiado ni restaurado desde su creación. Ni siquiera una intervención mínima ha tenido lugar en los últimos 150 años.
La técnica engaña, pero el deterioro no miente
Los especialistas que han evaluado la obra identificaron tres amenazas convergentes: la humedad por capilaridad que sube desde los cimientos, la acumulación de partículas contaminantes en el aire rural y la inestabilidad del soporte —un yeso antiguo sobre ladrillo que ha comenzado a despegarse en zonas periféricas. Sin intervención, los daños se acelerarán. En menos de una década, podría perderse irreversiblemente la coherencia visual y la integridad pictórica.
El vacío legal que deja al patrimonio sin respaldo
Aunque el edificio está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la protección no se extiende automáticamente a las pinturas murales interiores si no están expresamente declaradas. El trampantojo de Isso no figura en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Español. Esa laguna administrativa impide acceder a subvenciones directas del Ministerio de Cultura o fondos europeos como el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. La restauración depende, por tanto, de la iniciativa ciudadana.
Hispania Nostra lidera una acción de salvaguarda comunitaria
La asociación, con más de 40 años de experiencia en defensa del patrimonio, no solo impulsa la recaudación: ha coordinado el informe técnico, validado el presupuesto con restauradores especializados en pintura mural y diseñado un plan de intervención en tres fases: diagnóstico estratigráfico, limpieza mecánica y química controlada, y consolidación del soporte. Todo bajo supervisión de la Dirección General de Patrimonio de Castilla-La Mancha.
El tiempo no espera a los trampantojos
El crowdfunding, lanzado en junio de 2026, lleva recaudados 12.400 euros tras 18 días. El plazo finaliza el 15 de septiembre. Si no se alcanza la meta, el proyecto se archiva. No hay prórroga. No hay plan B. “Este no es un mural más. Es una pieza clave para entender cómo la ingeniosidad artística respondió a una necesidad práctica: proteger vidas y templos. Borrarlo sería borrar una página entera de nuestra historia visual”, afirma María Gómez, técnica de campo de Hispania Nostra.
Claves del asunto
- El trampantojo de Isso es una obra única de Pablo Sistori, datada en el siglo XVIII y sin restauración integral desde su creación.
- Requiere 35.000 euros para una intervención técnica especializada que evite su pérdida irreversible.
- Carece de declaración específica como Bien de Interés Cultural, lo que excluye su acceso a ayudas públicas directas.
- La campaña de micromecenazgo es la única vía activa para su salvaguarda antes del 15 de septiembre de 2026.
- Su conservación forma parte de un esfuerzo más amplio por proteger el patrimonio religioso rural, amenazado por el abandono y la falta de recursos locales.
