Este sábado, bajo un sol suave de junio, Isabel Ares cerró por última vez la puerta de Comestibles Isabel, su ultramarinos en Monte Alto. A los 68 años, con las manos aún marcadas por décadas de empaquetar jamón, pesar naranjas y atender a niños que crecieron comprando chicles a crédito, entregó las llaves de un negocio que ha sido más que una tienda: un punto de encuentro, memoria colectiva y refugio cotidiano.
La jubilación no es un adiós silencioso. Fue una despedida con olor a pan recién cortado, risas de vecinos que la llamaban «tía Isa» y una mesa larga de pinchos que se extendió hasta la acera. En ese acto, entre las 18:00 y las 20:00 horas, no hubo discursos largos, sino abrazos, fotos con el cartel de «¡Gracias, Isabel!» y el sonido de la caja registradora que, por primera vez en 42 años, no sonó para una venta.
Isabel Ares personificó el comercio de barrio con raíces humanas
Desde 1984, cuando abrió con 26 años y un préstamo familiar, Isabel Ares convirtió un local de 45 metros cuadrados en un eje social del barrio. No usaba cámaras de seguridad, sino una libreta de cuentas manuscritas donde anotaba los gastos de las familias en dificultades. No tenía app ni delivery, pero sí un reparto semanal gratuito a tres mayores que vivían solos en la calle San Ildefonso.
Su marido, fallecido en 2019, fue su socio silencioso: encargado de la logística, reparador de estantes y primer probador de las nuevas conservas. Juntos resistieron la llegada de los supermercados, la crisis del 2008 y la pandemia, cuando el ultramarinos fue punto de distribución de alimentos para 17 familias vulnerables coordinado con la asociación vecinal Monte Alto Solidario.
El relevo generacional llega con rostros nuevos pero con el mismo nombre
El negocio no desaparece. Unos jóvenes de origen indio, con experiencia en gestión de pequeños comercios en Galicia y Madrid, asumirán la cesión del local este lunes. No es una compra, sino una cesión de explotación con apoyo técnico de la Asociación de Comerciantes de Monte Alto y financiación del programa Impulso Comercio Local, gestionado por el Ayuntamiento de A Coruña y cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional.
Ellos mantendrán el nombre Comestibles Isabel, conservarán el surtido tradicional —desde el aceite de oliva virgen extra de la cooperativa de Priegue hasta los caramelos de goma de la fábrica de Orense— y reforzarán la oferta de productos ecológicos y sin gluten, una demanda creciente entre los vecinos jóvenes del barrio.
El marco legal que protege la continuidad de estos negocios
La cesión se enmarca en la Ley 12/2022 de Apoyo al Comercio Minorista, que facilita la transmisión de pequeños establecimientos mediante bonificaciones fiscales en el Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados. Además, el Ayuntamiento de A Coruña activó en 2025 el Plan de Sostenibilidad Comercial de Barrio, que incluye asesoramiento gratuito en digitalización, ayudas para reformas accesibles y prioridad en licencias para relevo generacional.
La despedida fue un acto de reconocimiento vecinal
El sábado por la mañana, el ultramarinos abrió con normalidad. Isabel atendió a 83 clientes. Uno de ellos, un hombre de 72 años, le entregó una caja de bombones y le dijo: «Sin ti, no hubiera podido enterrar a mi mujer en 2015. Me dejaste pagar en seis meses». Otro, una joven madre, contó que su hija de cinco años aún le pide «ir a ver a la señora del chicle rojo».
A las 17:45 horas, Isabel apagó la luz del escaparate. No fue un gesto simbólico: fue el primer apagón voluntario en 15.230 días consecutivos de apertura.
¿Qué pasa con los negocios como el de Isabel en España?
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2025 cerraron 12.400 pequeños comercios de barrio en España, pero se registraron 8.900 cesiones con continuidad operativa. El 63 % de esos traspasos se produjeron en localidades con más de 100.000 habitantes, como A Coruña, donde el relevo generacional ya representa el 41 % de las nuevas aperturas comerciales.
El ultramarinos sigue abierto, pero Isabel ya no está detrás del mostrador
Claves del asunto:
- Isabel Ares se jubiló tras 42 años al frente de Comestibles Isabel en Monte Alto
- El negocio continuará con nuevos propietarios bajo el mismo nombre y surtido tradicional
- La cesión se amparó en la Ley 12/2022 de Apoyo al Comercio Minorista y el Plan de Sostenibilidad Comercial de A Coruña
- El relevo forma parte de una tendencia nacional: el 41 % de las aperturas comerciales en 2025 fueron cesiones generacionales
La historia de Isabel no es solo la de una comerciante. Es la de un modelo que resiste: el del comercio que conoce los nombres, los dolores, los cumpleaños y los silencios. Ahora, el ultramarinos sigue abierto. Pero el corazón del barrio cambió de ritmo. Y eso, en Monte Alto, ya se siente.
