El humo aún flota tenue sobre los pinares al norte del pueblo, pero ya no hay sirenas. A las 13:00 horas de este sábado, 180 vecinos de Azanuy cruzaron la línea de control de la Guardia Civil en la entrada del municipio y pisaron de nuevo sus umbrales. Dos noches enteras durmiendo lejos de casa, en domicilios ajenos o en la residencia de deportistas de Monzón, habían terminado.
La evacuación preventiva, decretada el jueves por la tarde, respondió a una amenaza real: el fuego avanzaba con viento fuerte y temperaturas superiores a 38 °C, y las llamas rozaban el borde del casco urbano. No hubo heridos, pero sí una tensión colectiva palpable, capturada en las imágenes de Cruz Roja Zaragoza que mostraban a ancianos con mantas y niños con mochilas escolares en la puerta del albergue.
El fuego se estabilizó, pero la alerta sigue activa
La estabilización del incendio no equivale a su extinción. Las autoridades locales y la Dirección General de Protección Civil de Aragón mantienen el nivel de alerta naranja en la zona. El alcalde, Luis Ángel Zoriguel, declaró a Aragón TV: «Estamos aliviados, pero no relajados». Sus palabras reflejan la dualidad que vive ahora Azanuy: alivio por la vuelta, pero también vigilancia constante. Los vecinos recibieron instrucciones claras: no encender fuegos, evitar zonas quemadas y no circular por caminos forestales colindantes.
El fuego afectó más de 320 hectáreas de masa forestal, según el último balance provisional de la Confederación Hidrográfica del Ebro. No se han registrado daños estructurales en viviendas, pero sí afectaciones en infraestructuras secundarias: dos pistas forestales colapsadas, una línea eléctrica dañada y varios puntos de abastecimiento de agua rural comprometidos.
Cruz Roja y voluntarios, columna vertebral de la respuesta
Durante las 48 horas de evacuación, Cruz Roja Zaragoza desplegó 24 personas entre monitores, técnicos en emergencias y psicólogos. Junto a ellos, 17 voluntarios locales coordinados desde el Centro de Coordinación de Emergencias de Huesca. Su labor no se limitó al alojamiento: distribuyeron 412 raciones diarias, realizaron 37 atenciones psicológicas y gestionaron 12 traslados médicos por malestar agudo —principalmente en personas mayores con patologías respiratorias agravadas por la humareda.
El albergue en Monzón, habilitado en menos de 6 horas, fue clave. Allí, familias enteras compartieron salas polivalentes con camas plegables, mientras los niños participaban en talleres de sensibilización ambiental organizados por la ONG. «No era solo dar cobijo. Era preservar la dignidad», explicó una voluntaria bajo condición de anonimato.
El marco legal que rige la evacuación y el retorno
La decisión de evacuar Azanuy se amparó en el Decreto 127/2022 del Gobierno de Aragón, que regula los planes de emergencia ante incendios forestales. Este texto obliga a los ayuntamientos a activar protocolos de desalojo cuando existe «riesgo inminente para la vida humana», sin necesidad de que el fuego haya entrado ya en el casco urbano. El retorno, en cambio, requiere la certificación técnica de estabilidad emitida por el Servicio de Extinción de Incendios y Salvamento de Aragón (SEISA), lo que ocurrió este sábado a las 11:45 horas.
Además, la Ley 17/2015 de Protección Civil establece que las autoridades locales deben garantizar el acceso a servicios básicos tras el regreso: agua potable, electricidad y cobertura sanitaria. En Azanuy, el Ayuntamiento activó un punto de atención rápida en la plaza mayor, con personal de Sanidad y técnicos de la Comarca de Somontano.
Antecedentes: un verano con récord de incendios en Aragón
Azanuy no es un caso aislado. En lo que va de 2026, Aragón ha registrado 73 incendios forestales, un 22 % más que en el mismo periodo de 2025. La sequía acumulada —con un déficit pluviométrico del 41 % respecto a la media histórica— y las olas de calor prolongadas han convertido zonas tradicionalmente resilientes, como el Somontano, en focos de alta vulnerabilidad. El incendio de Azanuy se suma al de Bierge, controlado la semana pasada tras consumir 190 hectáreas.
Claves del asunto
- La evacuación afectó a 180 vecinos, el 85 % de la población total del municipio.
- El albergue en Monzón funcionó durante 48 horas continuas, con apoyo logístico de Cruz Roja Zaragoza y la Diputación Provincial de Huesca.
- El retorno se autorizó tras la certificación técnica de estabilidad emitida por SEISA.
- No hubo daños en viviendas, pero sí afectaciones en infraestructuras rurales clave: agua, electricidad y caminos.
- El incendio consumió al menos 320 hectáreas, en un contexto de sequía extrema y récord de siniestros en Aragón.
La normalidad en Azanuy vuelve en silencio. Las ventanas se abren de nuevo. Los perros ladran desde los patios. Pero en cada mirada al horizonte, donde el bosque aún humea en tonos grisáceos, hay una advertencia: el verano apenas comienza, y el fuego no pide permiso.
