El humo negro se elevó desde el valle del Andarax como una columna de ceniza vengadora. A las 14:17 horas del 8 de julio, los primeros vecinos de Níjar llamaron al 112: «El monte arde como si lo hubieran rociado con gasolina». En menos de 90 minutos, el fuego consumió 47 viviendas, 12.000 hectáreas y una infraestructura eléctrica que no había sido revisada desde 2009.
La causa no fue un rayo ni una colilla descuidada. Fue un poste de madera podrida, instalado décadas atrás, que sostenía una línea de baja tensión en una zona rural de Almería. El calor extremo —39,2 °C ese día— provocó un arco eléctrico. El poste, sin aislamiento ni mantenimiento, se incendió y proyectó chispas sobre la vegetación seca. Así comenzó el incendio más devastador de Andalucía en una década.
El poste que nadie revisó desde 2009
El informe preliminar de la Comisión de Investigación de Incendios Forestales de Andalucía revela que el poste pertenecía a una red de distribución gestionada por Endesa, aunque su titularidad real correspondía a una antigua cooperativa local absorbida en 2005. Desde entonces, no hubo inspección técnica obligatoria ni registro de deterioro. El último informe de mantenimiento data de 2009, año en que el restaurante al que daba suministro —ya cerrado— fue desalojado por riesgo estructural.
La línea seguía activa porque no se había procedido al corte administrativo. Ni Red Eléctrica de España, ni la Junta de Andalucía, ni el Ayuntamiento de Níjar habían actualizado el catastro de instalaciones obsoletas. El sistema de alerta automática de sobrecarga tampoco funcionaba: llevaba inactivo desde 2022, según consta en el acta de la inspección de la CNMC.
La cadena de omisiones que alimentó el fuego
Antecedentes técnicos y regulatorios
Desde 2015, el Real Decreto 1407/2015, de seguridad de instalaciones eléctricas, exige revisiones periódicas cada cinco años para redes rurales de baja tensión. En Almería, el 38 % de las líneas rurales superan los 40 años de antigüedad. El 62 % carece de certificación técnica actualizada, según datos de la Dirección General de Energía de la Junta.
Además, la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural obliga a las empresas distribuidoras a coordinar con los ayuntamientos planes de prevención en zonas de alto riesgo. En Níjar, ese plan no se actualizó desde 2018, pese a que el índice de sequía se triplicó entre 2022 y 2026.
Las consecuencias reales para los afectados
Más de 1.240 personas fueron evacuadas de forma urgente. Cuatro municipios —Níjar, Carboneras, Las Hortichuelas y Mojácar— declararon el estado de emergencia. El Plan de Suministro de Agua de Emergencia se activó con 72 horas de retraso: los camiones cisterna llegaron cuando ya se habían agotado los depósitos comunitarios.
Los agricultores perdieron 217 hectáreas de invernaderos, con una facturación estimada de 18,4 millones de euros. La Asociación de Agricultores de Almería denuncia que el seguro agrario no cubre daños por incendio en cultivos protegidos, ya que la normativa los clasifica como «estructuras no permanentes».
El marco legal sigue sin sancionar la negligencia técnica
Aunque la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y la Ley de Cambio Climático imponen deberes de vigilancia activa, no existen sanciones específicas para la falta de mantenimiento de infraestructuras eléctricas en zonas forestales. La CNMC puede multar por fallos en calidad del suministro, pero no por riesgo de incendio. Esa competencia corresponde a las comunidades autónomas, que carecen de unidades técnicas especializadas en inspección eléctrica rural.
Claves del asunto
- El incendio se originó en un poste de madera podrida, activo desde 2009 y sin revisión técnica desde entonces.
- La línea eléctrica no fue desconectada pese al cierre definitivo del restaurante al que servía.
- El sistema de detección de arcos eléctricos llevaba cuatro años inactivo, según la CNMC.
- El 62 % de las líneas rurales en Almería carece de certificación técnica actualizada.
- No existe una figura legal que responsabilice penalmente a las distribuidoras por incendios derivados de mantenimiento deficiente.
La historia no termina con el fuego. Termina con un poste que nadie retiró, una alerta que nadie escuchó y una norma que nadie hizo cumplir. Hoy, en los mismos caminos de tierra donde ardieron los almendros, los técnicos de Endesa instalan sensores térmicos. Pero los vecinos de Níjar ya no preguntan cuándo vendrán los técnicos. Preguntan cuándo llegarán las respuestas.
