El sol de la mañana iluminaba las piedras del castillo de Uncastillo, mientras una familia de Zaragoza tomaba fotos junto a la fuente del pueblo. No eran turistas ocasionales: habían reservado tres noches en una casa rural rehabilitada con fondos de la comarca. En 2015, ese escenario era impensable. Hoy, más de 42.000 visitantes anuales recorren los 27 municipios de las Cinco Villas, un aumento del 210 % respecto a 2014.
El turismo se convirtió en arma contra la despoblación
La comarca de las Cinco Villas, en la provincia de Zaragoza, enfrentaba en 2010 una caída sostenida de población: 12.840 habitantes, con una tasa de envejecimiento del 34,7 %. Los jóvenes se marchaban a Zaragoza o Huesca. Las escuelas cerraban. Las tiendas de ultramarinos desaparecían. El presidente de la comarca, Santos Navarro, lideró un giro estratégico: apostar por el turismo como eje de cohesión territorial, no como actividad estacional.
Un cambio de modelo desde la gobernanza local
Hasta entonces, el turismo se concentraba en dos núcleos: Sos del Rey Católico, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1968, y Uncastillo, con su castillo románico y su iglesia de San Martín. El resto —Torla, Broto, Lana, Biel— carecía de infraestructura, señalización o personal cualificado. En 2015, la comarca creó la Oficina Comarcal de Turismo, con sede en Sos, y abrió tres delegaciones móviles que rotan mensualmente entre los municipios más pequeños. Contrataron a 17 agentes locales, todos residentes, con formación en atención al cliente, patrimonio inmaterial y gestión de alojamientos rurales.
La inversión pública generó retorno económico y social
Entre 2015 y 2025, la comarca gestionó 14,2 millones de euros en fondos europeos, estatales y autonómicos. El 68 % se destinó a rehabilitación de edificios históricos para alojamientos turísticos. El 22 %, a señalización turística en 7 idiomas y a la plataforma digital CincoVillasExperiencias, que integra reservas, rutas guiadas y talleres artesanales. El resto financió formación para 312 emprendedores locales: albañiles, carpinteros, agricultores y pastores que ahora ofrecen experiencias como «un día de pastor en el valle del Aragón» o «taller de quesos artesanales con leche de oveja aragonesa».
El impacto en los indicadores demográficos
Los resultados son medibles. En 2026, la población comarcal es de 13.510 habitantes, con una tasa de envejecimiento del 31,2 %. Se han abierto 19 nuevos alojamientos rurales, 12 de ellos gestionados por jóvenes retornados. En Torla, el colegio público recuperó su aula de infantil tras cinco años cerrada: ahora tiene 23 alumnos, 11 de ellos hijos de familias que se instalaron tras abrir una casa rural. En Broto, el número de nacimientos subió un 40 % entre 2020 y 2025.
La ley que amparó la transformación
El marco normativo clave fue la Ley 10/2015 de Turismo de Aragón, que reconoció por primera vez el turismo como «instrumento de desarrollo territorial equilibrado». Posteriormente, el Decreto 127/2018 permitió a las comarcas gestionar directamente fondos europeos para proyectos de fijación de población. La comarca de las Cinco Villas fue la primera en aplicarlo con criterios de sostenibilidad: ningún proyecto recibió subvención si no incluía cláusulas de mantenimiento del patrimonio, contratación local o reducción de huella hídrica.
El reto actual: consolidar sin sobreexplotar
El éxito ha generado nuevas presiones. En 2025, el 72 % de los alojamientos rurales registró ocupación superior al 90 % en verano. Algunos vecinos denuncian ruido, aumento de precios en alquileres y pérdida de espacios comunitarios. La comarca respondió con el Plan de Capacidad de Carga Turística, aprobado en marzo de 2026: limita a 150 visitantes diarios en los núcleos históricos más frágiles y exige a los nuevos alojamientos un 30 % de plazas reservadas para estancias de larga duración (más de 15 días), priorizando a teletrabajadores y jubilados activos.
Claves del asunto
- La comarca de las Cinco Villas invirtió 14,2 millones de euros entre 2015 y 2025 en turismo sostenible.
- La población creció 670 habitantes en una década, rompiendo la tendencia de despoblación.
- Se crearon 19 alojamientos rurales nuevos, 12 gestionados por jóvenes retornados.
- El turismo generó 312 puestos de formación especializada para residentes locales.
- El Plan de Capacidad de Carga Turística limita a 150 visitantes diarios en núcleos frágiles.
La apuesta no fue solo construir infraestructuras, sino retejer vínculos. Como dice Santos Navarro, «no vendemos paisajes, vendemos pertenencia. Y esa se construye con escuelas abiertas, con panaderos que conocen a tus hijos, con caminos que no llevan solo a miradores, sino a casas donde te ofrecen un vaso de vino de la tierra».
