La Torre del Agua de Zaragoza se iluminó al anochecer del 13 de junio con una proyección efímera: una maqueta digital de la Expo 2008 girando lentamente sobre su propia base. No fue un espectáculo, sino un gesto simbólico. Más de 18 años después de la clausura de la muestra internacional, el edificio emblemático empieza a recuperar su razón de ser: ser el corazón físico del recuerdo colectivo de una ciudad que apostó por la innovación, el agua y la logística.
La propuesta ya está sobre la mesa del Gobierno de Jorge Azcón
La Asociación Legado Expo presentó formalmente su plan en mayo de 2026. No se trata de una reconstrucción nostálgica, sino de un museo vivo: con piezas originales —como los paneles interactivos de la sala de la lluvia, los prototipos de sistemas de captación de agua de la Unión Europea o los maquetas de los pabellones de Corea del Sur y Brasil— que llevan más de una década almacenados en contenedores climatizados del Parque Tecnológico Walqa.
Desde la Consejería de Fomento, Octavio López confirmó que el Ejecutivo autonómico “estudia ya la posibilidad de atender esa petición”. No es una promesa, pero sí la primera vez que una administración da luz verde a una evaluación técnica y presupuestaria real.
Un edificio con doble identidad: memoria y futuro logístico
La Torre del Agua no será solo un museo. Su nueva función como ‘faro de la logística’ ya está en marcha: en 2025, el Gobierno de Aragón firmó un convenio con LogisZar, la plataforma logística de la región, para integrar el edificio en su estrategia de atracción de empresas del sector. La planta baja acogerá un centro de innovación logística; las torres laterales, espacios de formación para técnicos en cadena de suministro.
Esta dualidad no es una contradicción. Es una apuesta por la continuidad: lo que nació como símbolo del agua y la sostenibilidad en 2008 ahora se reinterpreta como nodo de movilidad, eficiencia y conocimiento aplicado.
La adolescencia complicada del legado Expo
Francisco Pellicer, arquitecto y uno de los impulsores originales del proyecto expositivo, lo resume con crudeza: “La Expo ha tenido una adolescencia complicada; cuando se acabó la fiesta se rompió el consenso”. Tras la clausura, los fondos se evaporaron. Los archivos se dispersaron. El Museo de Zaragoza recibió solo el 12 % de los materiales documentales. El resto —más de 47.000 piezas catalogadas— quedó en almacenes sin plan de conservación pública.
El marco legal que impulsa la recuperación
La iniciativa se ampara en la Ley 10/2022 de Patrimonio Cultural Aragonés, que obliga a las administraciones a “garantizar la accesibilidad, difusión y puesta en valor del patrimonio contemporáneo de interés histórico-artístico”. También se alinea con el Plan Estratégico de Cultura 2025–2030 de Aragón, que incluye explícitamente la “recuperación crítica del legado Expo” como eje transversal.
Claves del asunto
- La Torre del Agua fue inaugurada en 2008 como símbolo central de la Expo Zaragoza, con una inversión pública de 128 millones de euros.
- Más de 47.000 piezas del legado Expo siguen sin exhibición pública, almacenadas en condiciones técnicas limitadas.
- El Gobierno de Jorge Azcón ha iniciado una evaluación formal de la propuesta museística, tras 18 años de inactividad institucional.
- La nueva función logística del edificio está vinculada al Parque Logístico de Zaragoza, el tercero más grande de Europa.
La urgencia no es solo cultural. Es de identidad. Zaragoza no puede seguir siendo una ciudad que construyó un símbolo global y luego lo dejó en silencio. La Torre del Agua no es un monumento al pasado: es una infraestructura de futuro que necesita su historia para tener sentido. Y esa historia, por fin, empieza a ser escuchada.
