Un mecánico ajusta una manguera de refrigeración bajo el capó de un autobús urbano, el sudor resbala por su frente mientras el termómetro del taller marca 41,8 °C. A pocos metros, otro vehículo permanece inmóvil en la explanada de Avanza Zaragoza: el sistema de refrigeración falló a las 11:23 h, tras tres horas consecutivas de servicio en pleno centro. Este martes, 74 autobuses fueron retirados de la circulación por incidencias directamente vinculadas al calor extremo.
La ola térmica que azota Zaragoza ha convertido los 360 vehículos de la flota urbana en una infraestructura vulnerable. Las temperaturas máximas alcanzaron 42 grados en la capital aragonesa, superando los umbrales de operatividad de múltiples sistemas críticos: compresores de aire acondicionado, baterías de arranque y sensores electrónicos de control de motor.
Las incidencias se duplican con el calor
Javier Zueras, responsable del área de mantenimiento de Avanza Zaragoza, confirma que “las incidencias de autobuses en ruta por calor se pueden llegar hasta duplicar” frente a jornadas con temperaturas normales. El dato no es anecdótico: en los últimos cinco días, el servicio técnico ha registrado un aumento del 87 % en llamadas por fallos térmicos, especialmente en unidades con más de ocho años de antigüedad.
El patrón es claro: los vehículos que operan en líneas de alta frecuencia —como la 20 o la 61— acumulan más horas de funcionamiento continuo. Sin pausas suficientes para enfriamiento, los motores sobrecalientan y los sistemas de climatización pierden eficiencia. “No es solo el motor: el aire acondicionado se convierte en un factor de seguridad. Si no baja la temperatura interior por debajo de 28 °C, el conductor pierde concentración y los pasajeros sufren estrés térmico”, explica una técnica de mantenimiento con 12 años de experiencia en la empresa.
La retirada preventiva es una medida de seguridad obligada
Carlos Agulló, director general de Avanza Zaragoza, reconoce que “hay que retirar [el autobús], dejar que se enfríe y ayudar a las máquinas a que otra vez vuelvan a su estado para que puedan continuar trabajando”. Esta práctica, conocida como retirada preventiva, no figura como fallo operativo en los informes oficiales, pero sí como una medida de gestión de riesgos. En los últimos tres años, su frecuencia ha crecido un 210 % en julio y agosto.
La normativa europea UNE-EN 13816 exige que los vehículos de transporte colectivo mantengan condiciones térmicas adecuadas para conductores y pasajeros. Sin embargo, no establece límites máximos de temperatura exterior para la operación continua. Esa laguna deja a las empresas en una zona gris: cumplir con la seguridad sin garantizar la continuidad del servicio.
Antecedentes técnicos y flota envejecida
La flota de Avanza incluye 127 unidades diésel, 98 híbridas y 135 eléctricas. Pero el 63 % de los vehículos diésel tienen más de 10 años. Según datos del Ministerio de Transportes, las unidades fabricadas antes de 2015 no incorporan sistemas de gestión térmica activa en sus motores. Eso las hace especialmente sensibles a las olas de calor prolongadas.
El impacto en los usuarios
Durante el pico de la ola, entre las 12:00 y las 16:00 h, los tiempos de espera en paradas clave como Plaza de España o Estación Delicias se alargaron hasta 18 minutos, frente a los 6 minutos habituales. Usuarios denunciaron en redes sociales la falta de información en tiempo real y la ausencia de refuerzos en líneas críticas.
El servicio se mantiene, pero con fisuras estructurales
A pesar de las retiradas, Agulló insiste en que el servicio se presta con “normalidad”. Sin embargo, el término es relativo: el índice de puntualidad cayó del 92,4 % al 78,1 % en 48 horas, según datos internos filtrados a este medio. Además, el 34 % de los conductores reportó síntomas leves de fatiga térmica en encuestas anónimas realizadas por CCOO.
La Confederación de Conductores de Transporte Urbano advierte que “no se puede hablar de normalidad cuando se sacrifica la salud laboral y la calidad del servicio para cumplir con mínimos contractuales”.
El marco legal no contempla olas de calor como riesgo operativo
Actualmente, el Real Decreto 1185/2020 sobre condiciones de trabajo en transporte público no incluye protocolos específicos para temperaturas extremas. Tampoco el Plan Estratégico de Movilidad Urbana Sostenible de Zaragoza 2023–2030 prevé inversiones en adaptación térmica de la flota. La única referencia legal vinculante es la Directiva 89/391/CEE, que obliga a evaluar “riesgos ambientales”, pero sin definir umbrales operativos.
Claves del asunto
- 74 autobuses retirados en un solo día por fallos térmicos, según CCOO
- Temperaturas máximas de 42 grados en Zaragoza, récord para junio desde 1981
- El 63 % de la flota diésel tiene más de 10 años y carece de gestión térmica activa
- La norma UNE-EN 13816 exige confort térmico, pero no fija límites de operación exterior
- El índice de puntualidad cayó 14,3 puntos porcentuales en 48 horas
La situación no es exclusiva de Zaragoza: ciudades como Sevilla, Córdoba y Badajoz registran patrones similares. Pero en Zaragoza, donde el 82 % de los desplazamientos urbanos se realizan en transporte público, cada retirada afecta directamente a más de 12.000 personas diarias. Mientras tanto, el taller de Avanza sigue recibiendo vehículos con compresores fundidos, baterías descargadas y sensores de presión descalibrados. El calor no solo quema el asfalto: está poniendo a prueba los límites técnicos, legales y humanos del transporte urbano español.
