El sol de la tarde cae suave sobre las piedras del casco antiguo de Ezcaray, mientras un grupo de turistas se detiene frente al Puente de Piedra, sobre el río Oja. A pocos metros, un hombre de chaqueta de lino y sonrisa tranquila observa la escena desde el balcón de un pequeño restaurante: es Alberto Chicote, de paso otra vez por este pueblo de apenas 2.000 habitantes, pero que para él ya es territorio conocido.
Desde 2026, Chicote ha visitado Ezcaray al menos siete veces al año. No va como turista. Va como quien regresa a un punto de anclaje: donde la cocina no es espectáculo, sino memoria; donde el tiempo se mide en horas de sobremesa, no en minutos de grabación.
Ezcaray no es un destino, es un regreso emocional
Para Chicote, Ezcaray no representa una escapada más. Es el lugar donde se reencuentra con lo esencial: la familia Paniego, referentes de la alta cocina riojana desde 1965, y con quienes ha compartido talleres, cenas privadas y hasta decisiones profesionales clave. El chef ha confesado que su primera experiencia en el Restaurante Echaurren, dirigido por Marisa y José Antonio Paniego, cambió su percepción de lo que puede ser la cocina española: cercana, rigurosa y profundamente arraigada.
El vínculo trasciende lo profesional. En entrevistas recientes, Chicote ha mencionado que en Ezcaray “parece como si tuviese casa”. No es una metáfora: ha pasado temporadas enteras alojado en casas de vecinos, ha paseado con los hijos de los Paniego por los senderos de la Sierra de la Demanda, y ha filmado capítulos de sus programas sin necesidad de escenarios artificiales —la plaza mayor, el molino de San Miguel o los viñedos de la ladera ya son escenarios suficientes.
La gastronomía de Ezcaray es su identidad más auténtica
Ezcaray no compite con las grandes ciudades por volumen ni por innovación tecnológica. Su fuerza está en la coherencia: desde el queso de oveja de La Rioja Alta, elaborado en queserías artesanales del entorno, hasta el cordero lechal asado en horno de leña, pasando por las setas de la Sierra de la Demanda, recolectadas en otoño por recolectores locales con licencia de la Diputación Foral de La Rioja.
Chicote ha incorporado ingredientes de Ezcaray en menús de sus restaurantes de Madrid y Barcelona. Pero lo más revelador es que, en 2025, impulsó junto a la Asociación de Gastronomía Riojana, un sello de calidad llamado Ezcaray Auténtico, que certifica productos y establecimientos que cumplen con tres criterios: origen local comprobado, técnica tradicional y vinculación familiar de al menos dos generaciones.
El río Oja y la Sierra de la Demanda definen su ritmo de vida
El río Oja, que atraviesa el municipio de norte a sur, no es solo un elemento paisajístico. Es un eje de vida cotidiana: sus aguas alimentan huertas comunitarias, abastecen molinos restaurados y marcan la ruta de senderistas y ciclistas del Camino Natural del Oja, itinerario certificado por la Federación Riojana de Montañismo.
A su espalda, la Sierra de la Demanda, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2015, ofrece más de 200 kilómetros de rutas señalizadas. Chicote ha participado en campañas de concienciación ambiental promovidas por la Junta de Castilla y León, región que comparte gestión de la sierra con La Rioja.
La Rioja apuesta por el turismo lento y la revalorización del territorio
El interés de figuras como Chicote ha reforzado una estrategia regional que ya venía consolidándose: el Plan Rioja Rural 2030, impulsado por el Gobierno de La Rioja, prioriza la fijación de población, la formación en oficios tradicionales y la promoción de experiencias turísticas de bajo impacto. En Ezcaray, esto se traduce en ayudas para la rehabilitación de casas rurales, incentivos fiscales para jóvenes emprendedores gastronómicos y convenios con universidades para estudios sobre biodiversidad local.
Antecedentes históricos y culturales
Ezcaray fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1973, gracias a su arquitectura medieval y renacentista, su red de molinos hidráulicos y su tradición textil —hoy recuperada en talleres artesanales como Talleres del Oja. Su cercanía con el Monasterio de San Millán de la Cogolla, Patrimonio de la Humanidad, refuerza su peso cultural en la región.
Claves del asunto
- Ezcaray tiene menos de 2.000 habitantes, pero recibe más de 120.000 visitantes al año, según datos de la Oficina de Turismo de La Rioja (2025).
- La familia Paniego lleva más de 60 años al frente del Restaurante Echaurren, con dos estrellas Michelin desde 2002.
- El río Oja es el único río de La Rioja con caudal constante durante todo el año, gracias a manantiales de la Sierra de la Demanda.
- El Plan Rioja Rural 2030 destina 18,7 millones de euros a municipios de menos de 5.000 habitantes, con prioridad a los que desarrollan turismo gastronómico y sostenible.
La conexión entre Chicote y Ezcaray no es una anécdota mediática. Es un síntoma de un cambio profundo: el turismo ya no se mide en pernoctaciones, sino en vínculos. Y en Ezcaray, esos vínculos se construyen con sal, pimienta, memoria y río.
