El calor pegaba con fuerza sobre el auditorio de Castrelos. A las 21:45, los primeros acordes de Smoke on the Water resonaron bajo un cielo sin nubes. Más de 8.200 personas se apiñaron en las gradas, muchos con camisetas desgastadas de los años 70, otros con entradas compradas a última hora. Nadie se movió. Nadie habló. Solo el sonido de una batería que no ha envejecido.
Deep Purple no actuaba en Vigo desde el año 2000. Esa ausencia de 26 años se convirtió en un mito local. Para muchos, el concierto no era solo un espectáculo: era una reconciliación con la juventud, con el primer disco comprado, con el primer concierto al que no se pudo ir.
El rock como promesa cumplida
El alcalde Abel Caballero subió al escenario minutos antes del inicio. No llevaba micrófono oficial, pero sí una camiseta negra con el logo del grupo. «Hace años prometimos traerlos. Hoy no es un concierto: es una deuda de honor con Vigo», dijo. Su intervención, breve y sin guion, fue aplaudida como si fuera parte del setlist.
El Concello de Vigo había intentado retrasar la hora del concierto para compatibilizarlo con el partido España-Austria de la Eurocopa 2026. No lo consiguió. Pero sí logró algo inusual: proyectar los primeros 25 minutos del encuentro en las pantallas laterales del escenario. Una solución improvisada que convirtió el preámbulo en un ritual colectivo: cervezas frías, gritos al unísono y el estadio virtual de Castrelos vibrando antes de que el primer riff sonara.
Un repertorio que desafía el tiempo
La banda, liderada por Ian Gillan (79 años) y Don Airey (76), no recurrió a versiones suavizadas ni a arreglos modernos. Tocaron Child in Time con la misma intensidad de 1970, Highway Star con los solos intactos, Perfect Strangers con la misma cadencia que en el álbum de 1984. Ningún tema fue acortado. Ningún cambio de setlist. El tiempo, en Castrelos, se detuvo.
El público respondió con una energía que sorprendió incluso a los técnicos del recinto. «No es habitual ver a gente de 60 años saltar como si tuvieran 20», señaló una asistente de seguridad, que lleva 14 años trabajando en eventos de Castrelos.
El calor como cómplice, no como enemigo
La temperatura superó los 34 °C a las 22:00 horas. El aire acondicionado del recinto no llega a las gradas. Pero nadie se quejó. Los asistentes se mojaban las camisetas con agua de botellas reutilizables, compartían sombrillas y formaban pequeños grupos de refrigeración espontáneos. El calor no fue un obstáculo: fue parte de la atmósfera. Un elemento más del ritual.
El concierto duró una hora y 42 minutos, con dos bises: Smoke on the Water y Hush. Al final, Gillan levantó la mano derecha y dijo: «Vigo, esto no es un adiós. Es un hasta pronto».
La próxima cita ya tiene fecha y nombre
El auditorio de Castrelos sigue su calendario veraniego con ritmo. El próximo gran nombre es Molotov, que actuará el jueves 16 de julio de 2026. La venta de entradas se agotó en menos de 90 minutos. El Concello ya ha anunciado que estudia ampliar la capacidad del recinto para los conciertos de agosto, tras la demanda sin precedentes registrada tras el show de Deep Purple.
Claves del asunto
- El concierto de Deep Purple en Vigo fue el primero desde el año 2000, tras 26 años de ausencia.
- Asistieron más de 8.200 personas, superando la ocupación habitual del auditorio en un 12 %.
- El Concello proyectó el primer tramo del España-Austria en las pantallas laterales, una solución técnica sin precedentes en la historia del recinto.
- La banda tocó 17 temas en vivo, todos en versión íntegra y sin cambios respecto a sus grabaciones originales.
- El próximo concierto confirmado es el de Molotov, el 16 de julio, con entradas agotadas en menos de 90 minutos.
Contexto actual y proyección cultural
El regreso de Deep Purple se inscribe en una estrategia municipal de reactivación cultural postpandemia, que ha priorizado nombres internacionales con arraigo generacional. Según datos de la Consellería de Cultura de Galicia, los conciertos de Castrelos generaron en 2025 un impacto económico directo de 4,7 millones de euros en el tejido hostelero y comercial de Vigo. Este concierto, por su perfil de público mayoritariamente local y de 45 a 75 años, ha reforzado el modelo de «turismo cultural de proximidad».
Desde el punto de vista normativo, el evento cumplió con la Ley 10/2022 de Espectáculos Públicos de Galicia, que exige protocolos de seguridad acústica, evacuación y accesibilidad. Además, se aplicó el Plan Municipal de Calor Extremo, con puntos de hidratación, personal médico en tres zonas estratégicas y módulos de sombra móvil.
El éxito del concierto ha reavivado el debate sobre la necesidad de una reforma integral del auditorio, cuya infraestructura data de 1998. El Concello ya ha incluido en sus presupuestos 2027 una partida de 1,8 millones de euros para la modernización de sistemas de ventilación y ampliación de zonas de descanso.
