La senadora paraguaya Celeste Amarilla levantó su dedo índice frente a las cámaras, sonrió con ironía y dijo: «No te metas con los paraguayos, que aquí ya metimos preso a Ronaldinho por corruptito». El salón de prensa del Congreso Nacional de Asunción quedó en silencio. Fuera, en París, la Fiscalía de París ya había abierto una investigación formal por delito de odio. Dentro del Real Madrid, el comunicado de condena aún no había sido retirado de los canales oficiales.
Amarilla cruzó la línea roja con insultos racistas y amenazas públicas
Sus palabras no fueron un desliz aislado. El 3 de julio, tras el Francia-Paraguay en el Mundial 2026, publicó en X: «Cameroonés colonizado, nuevo rico prepotente y feo». Usó el término «camerunés» como sinónimo de extranjería despectiva, ignorando que Mbappé nació en París y es ciudadano francés de origen camerunés y argelino. La frase no solo atacó su identidad, sino que activó mecanismos legales en dos continentes.
La Federación Francesa de Fútbol presentó denuncia ante la Unidad Especializada en Delitos de Odio de la Fiscalía de París. En Paraguay, la Fiscalía General de la Nación inició una revisión preliminar por posible violación al artículo 292 del Código Penal —incitación al odio racial—, aunque aún no ha formalizado imputación.
La amenaza de prisión no tiene sustento legal en Paraguay
Antecedentes: el caso Ronaldinho no fue por corrupción
Amarilla aludió al encarcelamiento de Ronaldinho en 2020, pero su referencia es falsa y peligrosa. El exfutbolista fue detenido en Brasil por uso de pasaporte falso para ingresar al país, no por «corruptito» ni en Paraguay. Nunca estuvo bajo custodia judicial en territorio paraguayo. Su caso fue resuelto con una multa y libertad condicional. La senadora confundió jurisdicción, hecho y tipificación penal.
Este error no es menor: alimenta una narrativa de impunidad y desinformación institucional. Según el Centro de Estudios en Derecho Penal y Política Criminal de la Universidad Católica de Asunción, ningún ciudadano extranjero puede ser procesado en Paraguay por expresiones emitidas en redes sociales fuera del territorio nacional, salvo que se demuestre efecto directo y daño concreto en suelo paraguayo —lo que, hasta ahora, no ha sido acreditado.
Mbappé respondió con contundencia institucional, no personal
El delantero del Real Madrid no replicó con insultos. Publicó un mensaje escueto: «Es indigna de su cargo». Pero su entorno actuó con precisión jurídica. Su abogado en Francia, Jean-Luc Baudry, confirmó que presentó una querella por injurias públicas y discriminación ante el Tribunal de Gran Instancia de París. Además, la Liga de Fútbol Profesional de España emitió un comunicado conjunto con la UEFA, reafirmando su compromiso con la lucha contra el racismo en el deporte.
Mbappé no es solo un jugador: es embajador de la UNESCO contra la discriminación y figura central en el plan europeo «Football for Equality». Su respuesta, por tanto, no es individual. Es un acto de defensa de un marco normativo que Paraguay ha ratificado: la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, adoptada por la ONU en 1965 y vigente en Paraguay desde 1970.
Las consecuencias reales ya están en las calles y las instituciones
Claves del asunto
- La Fiscalía de París investiga por delito de odio, con posibilidad de pena de hasta 1 año de prisión y 45.000 euros de multa bajo el artículo 24 de la Ley de Prensa francesa.
- En Paraguay, el Código Penal castiga la incitación al odio racial con hasta 3 años de prisión, pero requiere prueba de difusión intencional y efecto social comprobado.
- El Real Madrid activó su protocolo antidiscriminación, incluyendo la suspensión de toda colaboración institucional con entidades paraguayas hasta nueva evaluación.
- La Cancillería de Francia ha convocado al embajador paraguayo en París para una reunión de carácter «urgente y reservada».
La tensión no es solo diplomática. En Asunción, colectivos como AfroParaguay y Red de Mujeres Afrodescendientes han organizado vigils en la Plaza de los Héroes. En París, la Asociación de Afrodescendientes de Francia (ADAF) presentó una queja ante la Comisión Nacional Consultiva de los Derechos Humanos. Ambos grupos exigen que las autoridades paraguayas no minimicen los hechos como «libertad de expresión», sino que los enmarquen como lo que son: actos de racismo institucional.
El caso ya dejó de ser un cruce de tuits. Es un espejo que refleja cómo las redes sociales amplifican el discurso de odio, cómo los cargos públicos pueden normalizarlo y cómo los marcos legales —aunque existan— requieren voluntad política para aplicarse. Mientras tanto, Mbappé sigue entrenando en Valdebebas. Y Amarilla sigue en su banca del Senado, con 12 denuncias ciudadanas acumuladas ante la Contraloría General de la República por uso indebido de redes oficiales.
