El sol de la tarde cae suave sobre los muros encalados de El Chive, una aldea que se aferra a la ladera de la sierra de los Filabres. Un perro ladra al paso de una camioneta agrícola. Un hombre mayor recoge tomates bajo una parra. Nadie mira dos veces al francés de paso lento y chaqueta ligera que saluda con un gesto breve desde el umbral de una casa blanca.
Más de 60 habitantes, cero semáforos, una sola calle asfaltada y una iglesia del siglo XVIII que no abre todos los días. Aquí, Zinedine Zidane no es el ganador de la Copa del Mundo 1998 ni el entrenador que levantó tres Champions consecutivas con el Real Madrid. Es simplemente Zizou, el yerno de Verónique Fernández, cuyos padres nacieron en esta pedanía del municipio de Lubrín, en Almería.
El Chive no es un refugio turístico, es un territorio de raíces
No hay carteles indicadores que anuncien su llegada. No hay cámaras ocultas ni rutas guiadas. El Chive no aparece en las listas de ‘pueblos con encanto’ ni en los catálogos de turismo rural premium. Su existencia se mide en hectáreas de olivar seco, en el rumor del viento entre los espartos y en el silencio que se rompe solo con el canto de las tórtolas.
La aldea forma parte del Parque Natural Sierra de los Filabres, una zona de alta biodiversidad y baja densidad poblacional. Según el INE, Lubrín —su municipio cabecera— tiene apenas 2.147 habitantes (2025). De ellos, El Chive representa menos del 3 %: 58 personas, según el último padrón municipal. La mayoría supera los 65 años. Los jóvenes se marchan a Almería, a Murcia o a la costa.
Zidane no eligió un pueblo, eligió una familia
La conexión no nació de un capricho mediático ni de una inversión inmobiliaria. Verónique Fernández, su esposa desde 1994, es hija de almerienses radicados en Francia desde los años 60. Sus padres regresaron a El Chive en la década de 1990, reconstruyeron una casa ancestral y sembraron olivos. Zidane los visitó por primera vez en 1999, tras ganar el Mundial. Volvió en 2006, tras su retiro deportivo. Y desde 2012, pasa allí al menos tres meses al año.
No es un residente fiscal permanente, pero sí un presencia cotidiana: compra pan en la panadería de Lubrín, asiste a la feria agrícola de octubre y ha participado en la restauración de la ermita de San Sebastián. Los vecinos lo llaman el francés, pero nunca con tono de extrañeza. Lo hacen con la naturalidad con la que se nombra a quien arregla una cerca o ayuda a cargar leña.
La aldea resiste al éxodo rural con identidad, no con marketing
Mientras otras localidades de Andalucía apuestan por el turismo de masas o los airbnb temáticos, El Chive mantiene una estrategia opuesta: no crecer. El ayuntamiento de Lubrín ha rechazado proyectos de urbanización y limita los cambios de uso del suelo. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) prohíbe nuevas construcciones fuera del casco histórico y exige que cualquier rehabilitación respete la tipología tradicional: muros de piedra, techos de teja árabe y ventanas con rejas forjadas.
Esta rigurosidad no es capricho. Responde al Decreto 122/2021 de la Junta de Andalucía, que declara zonas de ‘especial protección del patrimonio rural’. También al Reglamento de Protección del Patrimonio Cultural de Almería, que clasifica a El Chive como Bien de Interés Cultural (BIC) en categoría de Conjunto Histórico. Cualquier modificación requiere informe previo de la Delegación Territorial de Cultura.
El silencio como bien común y recurso escaso
En un país donde el 32,7 % de la población tiene 65 o más años —según la EPA del primer trimestre de 2026—, El Chive representa un modelo inverso: no es un pueblo de jubilados, sino un espacio habitado por quienes eligieron quedarse. Tres familias jóvenes han regresado en los últimos cinco años tras formarse en agroecología y ganadería extensiva. Una de ellas, con apoyo del Programa de Desarrollo Rural de Andalucía 2023–2027, ha puesto en marcha una cooperativa de aceite de oliva ecológico certificado por CRAE.
Zidane no participa en esos proyectos, pero su presencia simbólica ha tenido efecto colateral: en 2025, el ayuntamiento recibió 17 solicitudes de residencia temporal para profesionales del sector cultural y educativo interesados en ‘vivir con propósito’. Ninguna fue rechazada, pero todas fueron sometidas a un protocolo de integración vecinal: reunión con el Consejo Rector del Pueblo y compromiso de participación en al menos dos actividades comunitarias al año.
Claves del asunto
- El Chive tiene 58 habitantes y forma parte del municipio de Lubrín, en Almería.
- La conexión de Zinedine Zidane con la aldea viene por su esposa Verónique Fernández, cuyos padres son originarios de la zona.
- La aldea está protegida como Bien de Interés Cultural (BIC) y su desarrollo está regulado por el Decreto 122/2021 y el PGOU de Lubrín.
- No hay turismo masivo ni infraestructura hotelera: su modelo se basa en la sostenibilidad demográfica y cultural, no en la rentabilidad inmobiliaria.
La leyenda no se esconde. Se acomoda. Y en El Chive, el silencio no es ausencia: es un lenguaje compartido, una forma de respeto que no necesita presentación. Allí, Zidane no firma autógrafos. Pero sí ayuda a recoger la aceituna en noviembre. Y eso, para los vecinos, pesa más que cualquier trofeo.
