La luz dorada del atardecer se cuela entre las hojas de los viñedos del Ribeiro mientras una pareja levanta sus copas de albariño frente a una panorámica que se despliega hasta el río Arnoia. No es una postal: es el restaurante Sábrego, en Camporredondo, Ribadavia (Ourense), donde cada cena es una inmersión en el paisaje y la tradición culinaria gallega.
Sábrego no es solo una terraza: es un punto de encuentro entre historia y sabor
El edificio que alberga el restaurante data del siglo XVIII, una casa señorial restaurada con respeto a sus muros de piedra y techos de madera. Hoy, su terraza no solo ofrece vistas —ofrece contexto: viñedos centenarios, laderas suaves, el silencio interrumpido solo por el canto de los mirlos. Desde allí, el Ribeiro deja de ser una denominación de origen y se convierte en protagonista de la experiencia.
La cocina de Marco Vidal pone el producto en el centro del plato
El chef Marco Vidal, al frente de los fogones, rechaza la complejidad innecesaria. Sus platos —como el cabrito asado al horno de leña o el arroz con pato y hierbas silvestres del valle— nacen de una premisa clara: la materia prima debe hablar primero. El cabrito proviene de ganaderías locales de raza autóctona, el pato es criado en libertad en las riberas del Miño, y el arroz, de variedad gallega, se cuece con caldo de huesos y jugo de hongos recolectados en los bosques de A Rúa.
«El ingrediente final de Sábrego es, simplemente, el cariño», reza su web. No es una frase hecha: se nota en la temperatura exacta del vino, en el punto justo de sal de la sal de salinas artesanales de Ares, en la forma en que el pan de centeno se sirve aún tibio, recién horneado en horno de leña del propio pueblo.
Ribadavia, puerta de entrada al Ribeiro y al patrimonio gastronómico gallego
El pueblo medieval que alberga una estrella Michelin
Ribadavia no es un mero escenario: es un actor activo. Su casco histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, conserva el barrio judío más completo de Galicia y una muralla del siglo XII. Camporredondo, el lugar donde se asienta Sábrego, forma parte de esa geografía cultural viva. Aquí, la gastronomía no se exhibe en vitrinas: se comparte en mesas de madera, con vasos de cristal grueso y servilletas de lino tejido a mano en O Carballiño.
La norma que protege lo auténtico
La Ley 12/2017 de Patrimonio Cultural de Galicia y el Reglamento de la Denominación de Origen Ribeiro son marcos legales que respaldan la labor de Sábrego. No se trata solo de usar productos locales: se trata de cumplir con trazabilidad certificada, de respetar ciclos de cría y recolección, y de integrar proveedores que formen parte del Plan de Dinamización Rural de la Xunta. Cada plato lleva implícita una cadena de responsabilidad: desde el viñedo hasta el plato, pasando por el almacén comunitario de Camporredondo.
Claves del asunto
- El restaurante Sábrego está ubicado en una casa del siglo XVIII, en Camporredondo (Ribadavia, Ourense)
- Su terraza ofrece vistas panorámicas a los viñedos del Ribeiro, reconocidos como Patrimonio Agrícola Mundial por la FAO
- La cocina, dirigida por Marco Vidal, se basa exclusivamente en producto de temporada y origen local certificado
- Forma parte de la red de establecimientos adheridos al Sello de Calidad Gastronómica de Galicia, regulado por la Consellería de Turismo
- Ofrece una propuesta diferenciada: cabrito y arroz con pato, platos emblemáticos de la comarca, reinterpretados con técnica contemporánea y respeto ancestral
La crisis del turismo de masas ha dejado una huella en muchos pueblos gallegos. Pero en Ribadavia, la apuesta por la calidad sobre la cantidad está funcionando: Sábrego no busca llenar mesas, sino construir memorias. En 2025, recibió su primera estrella Michelin, convirtiéndose en el primer restaurante del Ribeiro en lograrlo. No es un logro aislado: es el reflejo de una estrategia regional que apuesta por la soberanía alimentaria, la preservación del paisaje vitivinícola y la revalorización del trabajo rural. Para los vecinos de Camporredondo, Sábrego ya no es solo un restaurante: es un punto de encuentro, un generador de empleo estable y un embajador silencioso de lo que Galicia sabe hacer mejor: transformar la tierra en historia comestible.
