Un camión cisterna reparte agua potable en Vilagarcía de Arousa, mientras vecinos de Ourense hacen cola con garrafas bajo un sol de 38 °C. Es el primer verano en cinco años en que la Xunta evalúa activar la prealerta por sequía en zonas de cuenca con competencias propias.
El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, lo confirmó este lunes tras el Consello da Xunta: “Si sigue así la evolución meteorológica, no descartamos declarar la prealerta”. Las altas temperaturas de los últimos días —con máximas superiores a 40 °C en zonas del interior— han reducido los caudales de los ríos Miño y Sil a menos del 60 % de su media estacional. Ya 14 municipios aplican restricciones locales: desde prohibición de riego ornamental hasta limitación del llenado de piscinas particulares.
La sequía ya está en los grifos de Galicia
No es una advertencia teórica. En Celanova, el ayuntamiento ha reducido la presión del agua entre las 22:00 y las 6:00 horas. En Allariz, se ha suspendido el riego de zonas verdes públicas. En O Carballiño, los regantes han recibido notificación de recorte del 25 % en los derechos de extracción. Estas medidas responden a un déficit pluviométrico acumulado del 37 % respecto a la media histórica del trimestre abril-junio, según datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
La Xunta no actúa en vacío. Su Plan de Gestión de Sequías de Galicia —aprobado en 2022 y actualizado en 2025— establece tres niveles: vigilancia, prealerta y alerta. La prealerta implica la activación inmediata de comités técnicos, la coordinación con Confederaciones Hidrográficas y la obligación de informar semanalmente sobre niveles de embalses y caudales. Actualmente, el embalse de Belesar opera al 52 %, y el de Castrelo al 48 % —ambos por debajo del umbral de seguridad del 60 %.
El calor extremo acelera el estrés hídrico
Antecedentes: un verano que rompe récords
Desde el 28 de junio, Galicia registra su ola de calor más intensa desde 2017. La AEMET ha validado 11 días consecutivos con temperaturas superiores a 35 °C en al menos tres provincias. El termómetro en Ourense capital alcanzó los 41,2 °C el 4 de julio, récord absoluto para esa fecha. Este calor extremo no solo evapora el agua superficial: también reduce la recarga de acuíferos, que aportan el 42 % del agua potable en zonas rurales.
La sequía no es solo un problema de caudales. Afecta a la producción agrícola —el 68 % de los regadíos gallegos depende de ríos y embalses— y a la ganadería extensiva, especialmente en zonas como Terra de Caldelas, donde los pastos se han secado un 40 % antes de lo habitual.
La Xunta apela al uso responsable, pero no impone sanciones
Marco legal: competencias compartidas y límites normativos
La regulación del agua en Galicia se rige por la Ley 10/2001, de Aguas de Galicia, y por el Real Decreto-Ley 13/2022, que refuerza la gestión sostenible en contextos de sequía. Sin embargo, la Xunta carece de competencia directa sobre los embalses gestionados por la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, organismo dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Esa división de atribuciones explica por qué las medidas restrictivas son locales y heterogéneas.
No hay multas por riego doméstico ni por uso de piscinas desmontables —a diferencia de lo que ocurre en comunidades como la Comunidad Valenciana—. La Xunta se limita a recomendar: “Evitar el riego entre las 12:00 y las 20:00 horas”, “Reutilizar el agua de lavado de verduras para regar plantas” y “Revisar fugas en instalaciones domésticas”. Un informe interno de la Consellería de Medio Ambiente estima que el 22 % del consumo urbano en verano corresponde a pérdidas por fugas en redes antiguas.
Vecinos, regantes y ayuntamientos ya actúan sin esperar órdenes
En Vilalba, el ayuntamiento ha instalado contadores inteligentes en 320 viviendas para detectar consumos anómalos. En Mondoñedo, los regantes han acordado turnos semanales para el uso de los canales. Y en A Pobra do Caramiñal, una cooperativa de pescadores ha suspendido temporalmente el uso de agua dulce para limpieza de embarcaciones.
Estas iniciativas surgen de la presión real: el 73 % de los gallegos consultados en una encuesta de GAD3 (junio 2026) afirma haber notado “menos presión en el grifo” o “cambios en el sabor del agua” en las últimas tres semanas.
Claves del asunto
- La Xunta evalúa activar la prealerta por sequía en zonas de cuenca bajo su competencia, tras un déficit pluviométrico del 37 %.
- Ya 14 municipios aplican restricciones locales: riego, piscinas y presión del agua.
- Los embalses de Belesar y Castrelo operan al 52 % y 48 %, respectivamente, bajo el umbral de seguridad del 60 %.
- No hay sanciones por uso doméstico, pero sí recomendaciones técnicas y vigilancia de fugas en redes urbanas.
- La gestión del agua depende de una división competencial entre Xunta, Confederación Hidrográfica y Ministerio.
La sequía no llega como una catástrofe súbita, sino como una acumulación silenciosa: de días sin lluvia, de caudales que bajan, de vecinos que llenan garrafas y de regantes que miran el cielo con más ansiedad que esperanza.
