El humo aún flotaba sobre los pinares de Soutordei cuando, a las 23:04 horas del miércoles, los últimos brigadistas apagaron la última brasa. El incendio forestal de Ribas de Sil, declarado el sábado 12 de julio a las 18:22, había consumido 190 hectáreas de monte gallego. En el aire, el zumbido de nueve helicópteros y ocho aviones se mezclaba con el rugido de 47 motobombas y el crujido de las ramas calcinadas.
El fuego avanzó con rapidez en terreno vulnerable
El incendio se originó en la parroquia de Soutordei, en pleno corazón de la comarca de A Fonsagrada. En menos de 24 horas, las llamas amenazaron el núcleo de Chenzas. Las autoridades activaron la Situación 2 —el segundo nivel de alerta del Plan Infoca Galicia— como medida preventiva. La evacuación no fue necesaria, pero sí la suspensión temporal del tráfico ferroviario en la línea Lugo-Ourense, restablecida al tercer día.
Montes raso y arbolado, desigualmente afectados
Según datos oficiales de la Consellería de Medio Rural, de las 190 hectáreas quemadas, 133 corresponden a monte raso —terrenos con vegetación baja, alta carga de combustible y escasa gestión— y 57 a arbolado, principalmente pinos y eucaliptos. Esta distribución refleja un patrón recurrente en los incendios gallegos: la mayor superficie afectada no es la forestal, sino la de matorral abandonado, fruto de la despoblación rural y la falta de aprovechamiento sostenible.
Se movilizaron más de 120 profesionales y 25 aeronaves
La respuesta fue la más robusta del verano en Galicia hasta la fecha. Participaron ocho técnicos, 45 agentes de la Xunta y del Seprona, 65 brigadistas —muchos de ellos voluntarios locales—, cuatro palas mecánicas, nueve helicópteros y ocho aviones. El esfuerzo logístico implicó coordinación en tiempo real entre la sala de control de Santiago, los centros operativos de Lugo y los equipos en tierra. El fuego no fue provocado por rayo ni por causas naturales: la investigación de la Guardia Civil sigue abierta, aunque no se descarta la negligencia humana.
El rol de las aplicaciones móviles en la detección temprana
La detección temprana fue clave. Un vecino de Soutordei alertó a través de la aplicación ALume, que geolocaliza automáticamente la incidencia y envía la alerta directa al 085. Desde su lanzamiento en 2022, ALume ha reducido en un 37 % el tiempo medio de respuesta a incendios en zonas rurales, según datos de la Consellería. El número 085 sigue siendo el canal prioritario: recibió 1.248 llamadas relacionadas con fuegos forestales en la primera quincena de julio.
La reconstrucción comienza antes de que se enfríe la ceniza
En Ribas de Sil, los agricultores ya revisan los cercados. Los apicultores cuentan las colmenas perdidas. Los técnicos de Medio Rural ya trabajan en el plan de restauración: siembra de especies autóctonas, limpieza de accesos y evaluación de riesgo de erosión. La ley 10/2021, de Montes de Galicia, obliga a la restauración integral en menos de 18 meses. Pero también exige que los propietarios —muchos de ellos residentes en Barcelona o Vigo— asuman su parte en la gestión preventiva. El incendio no fue un accidente aislado: fue el reflejo de un sistema forestal en tensión.
Claves del asunto
- El incendio duró cinco días, desde el sábado 12 hasta el miércoles 16 de julio de 2026.
- Se quemaron 190 hectáreas, de las cuales 133 fueron monte raso, el tipo de vegetación más propenso a propagar fuegos rápidos.
- Se activó la Situación 2 por riesgo para el núcleo de Chenzas, aunque no hubo evacuaciones.
- La aplicación ALume y el número 085 fueron los canales clave de aviso temprano.
- La Ley 10/2021, de Montes de Galicia, regula la restauración obligatoria y la responsabilidad compartida entre propietarios y Administración.
El fuego expuso las fracturas del modelo rural gallego
Detrás de cada hectárea quemada hay historias no contadas: la finca abandonada por tres generaciones, el pinar sin poda desde 2018, el sendero de acceso cerrado por la maleza. En Ribas de Sil, el 62 % de las explotaciones forestales están en manos de propietarios ausentes. La ley exige que los titulares mantengan sus terrenos, pero la fiscalización es limitada. Mientras tanto, los brigadistas siguen entrenando, los helicópteros siguen repostando y los vecinos siguen mirando al cielo cada tarde de julio, con el dedo en el botón de ALume.
