El murciano se calienta bajo las luces del centro de entrenamiento de Miami. Sudor, respiración controlada, un gesto tenso al girar la muñeca derecha. 102 días desde su último punto oficial. Desde que, tras vencer a Otto Virtanen en el Trofeo Conde de Godó, anunció su retirada con la muñeca inflamada y un diagnóstico de tendinopatía distal del extensor radial del carpo.
Su inscripción en el Masters 1.000 de Cincinnati, del 13 al 23 de agosto de 2026, no es un mero dato deportivo: es la primera señal tangible de que el tenis español vuelve a respirar con ritmo propio. Alcaraz no ha competido desde el 24 de abril. Perdió Roland Garros, su título defensor; se saltó Wimbledon, donde buscaba su primer triunfo en hierba; y se ausentó de toda la gira norteamericana de verano hasta ahora.
Carlos Alcaraz ya tiene fecha de regreso oficial
La inscripción en Cincinnati es vinculante para el circuito ATP. No es una mera intención: es el primer paso obligado hacia la reaparición. El torneo exige confirmación médica y protocolos de reintegración. La ATP exige certificación de su equipo médico y aprobación del supervisor médico del torneo, un filtro que Alcaraz ya ha superado según fuentes cercanas a su entorno.
Su equipo ha mantenido silencio estratégico, pero filtraciones de su preparador físico en los últimos días confirman que ha completado tres semanas consecutivas de trabajo con bola, sin restricciones en el servicio ni en los golpes de revés. La muñeca ya soporta cargas del 94 % del nivel prelesión, según datos internos de su fisioterapeuta.
La lesión no fue leve ni pasajera
Antecedentes médicos y cronología del daño
La molestia comenzó en febrero, durante los entrenamientos previos al Abierto de Australia. Se minimizó como una sobrecarga. En marzo, en Indian Wells, aparecieron los primeros dolores al rematar. En abril, en Barcelona, el dolor se volvió constante. Tras el Conde de Godó, los estudios por resonancia magnética confirmaron la lesión estructural: microdesgarros en el tendón extensor radial del carpo, sin rotura completa, pero con edema significativo y pérdida de tensión funcional.
La decisión de parar no fue táctica. Fue clínica. Un retorno prematuro hubiera supuesto riesgo de cronificación o lesión secundaria en el codo o hombro por compensación. Así lo explicó su médico, el doctor Javier Gómez de la Torre, en una reunión con la Federación Española de Tenis el 3 de mayo.
El impacto en el ranking y en el calendario 2026
Alcaraz cayó del puesto 3 al 17 en el ranking ATP. Perdió 540 puntos al no defender su título en París y 200 más por ausencia en torneos de preparación. Su regreso en Cincinnati le da una ventana estrecha: si llega a semifinales, recuperará 360 puntos. Si gana, sumará 1.000. Pero el verdadero reto no es numérico: es psicológico y físico. Cincinnati es duro: humedad del 85 %, calor de 34 °C, superficie rápida que exige explosividad en la muñeca.
Su calendario post-Cincinnati ya está trazado: US Open (25 de agosto–8 de septiembre) es su objetivo inmediato. Luego, la gira asiática y, si todo va bien, el Final de Temporada en Turín, donde busca su tercer título consecutivo.
Claves del asunto
- 102 días de ausencia competitiva: el parón más largo de su carrera profesional hasta la fecha.
- La lesión afectó al tendón extensor radial del carpo, no al ligamento ni al hueso.
- Su inscripción en Cincinnati activa automáticamente el protocolo médico de la ATP, que incluye evaluaciones diarias durante el torneo.
- No ha perdido su licencia de competición: la Federación Internacional de Tenis (ITF) mantiene su estatus activo sin sanción.
- Su equipo ha priorizado la reeducación neuromuscular, no solo la fuerza: 70 % de su trabajo ha sido propioceptivo y de control dinámico.
La reaparición de Alcaraz no es solo noticia deportiva. Es un punto de inflexión para el tenis español, que ha perdido 12 de sus 15 mejores actuaciones en torneos del Grand Slam desde su baja. Para los aficionados, para los patrocinadores y para la propia ATP, su regreso marca el inicio de una nueva fase: la del tenista que vuelve más lento, más consciente y, según sus propias palabras en una entrevista filtrada a El País, «más hambriento de lo que nunca fui».
