Un helicóptero de la Unidad Militar de Emergencias (UME) sobrevuela el valle del río Guadalope. Abajo, el humo gris se mezcla con el polvo seco. En Leciñena, un vecino de 72 años sostiene una manguera casera frente a su portal: «No me voy. Si se quema, se quema conmigo». Son las 14:30 del viernes 3 de julio de 2026. Las temperaturas ya rozan los 38 °C.
Aragón cierra su peor junio en más de una década
El Gobierno de Aragón confirma que 6.700 hectáreas han quedado reducidas a cenizas en menos de siete días. Es la cifra más alta desde 2012. Los dos focos —uno en Leciñena, otro en La Fueva— no solo arrasaron bosques de pino y matorral mediterráneo: consumieron tres viviendas, dañaron ocho más y obligaron a evacuar a 412 personas de siete localidades. El incendio de La Fueva ya está estabilizado, pero el de Leciñena sigue activo en tres frentes, con 210 efectivos desplegados y 14 aeronaves operativas.
El viento y el calor se convierten en enemigos estratégicos
El miércoles 1 de julio, rachas de viento del noroeste superaron los 85 km/h, arrastrando brasas a más de dos kilómetros del frente. Esa jornada, los equipos de extinción tuvieron que retirarse de forma preventiva en tres sectores. «No es solo el fuego: es la imposibilidad de predecir dónde saltará la chispa», explica Jorge Lisbona, técnico del Servicio de Extinción de Incendios Forestales de Aragón. El viernes, el viento amaina, pero el calor no cede. El sábado y domingo se prevén máximas de 39 °C, y el lunes, 41 °C. El Servicio Meteorológico de Aragón advierte: «No hay tregua húmeda hasta el 10 de julio».
El escenario climático no es casual
Desde 2020, Aragón ha registrado cinco episodios de sequía extrema consecutivos. El índice de humedad del suelo está en el 12 %, el más bajo desde 1989. El 78 % de los municipios de la provincia de Teruel presentan riesgo alto o muy alto de incendio, según el último informe del Instituto Geológico y Minero de España (IGME). Además, el 43 % de los bosques quemados corresponden a zonas con alta densidad de pino resinero —especie altamente inflamable— y escasa gestión forestal preventiva.
La respuesta institucional se activa en modo emergencia
El Gobierno de Aragón declaró el nivel 3 de emergencia el martes 30 de junio. Ese mismo día, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico movilizó 12 brigadas de refuerzo desde Castilla-La Mancha y Extremadura. La UME aportó 90 efectivos y tres helicópteros pesados. También se activó el Mecanismo de Protección Civil de la Unión Europea, con apoyo aéreo de Italia y Portugal. Sin embargo, fuentes del Servicio de Prevención y Extinción de Incendios Forestales de Aragón reconocen que «la logística de agua sigue siendo crítica: solo el 32 % de los puntos de abastecimiento están operativos por sequía».
El marco legal obliga, pero no garantiza
La Ley 43/2003, de Montes, exige planes de prevención y zonas de defensa contra incendios. Pero el Plan Forestal de Aragón 2021–2030 reconoce que solo el 29 % de las zonas de alto riesgo cuentan con tratamientos silvícolas actualizados. Además, la Directiva 2007/60/CE sobre evaluación y gestión del riesgo de inundaciones y sequías no se ha trasladado íntegramente al ordenamiento autonómico. El Defensor del Pueblo de Aragón emitió en mayo un informe alertando sobre «la falta de coordinación entre administraciones en la gestión del riesgo climático».
Claves del asunto
- 6.700 hectáreas arrasadas: la peor cifra de junio en 14 años.
- 412 personas evacuadas, tres viviendas destruidas y ocho dañadas.
- Temperaturas de hasta 41 °C previstas para el lunes 6 de julio.
- Solo el 32 % de los puntos de abastecimiento de agua están operativos por sequía.
- El 29 % de zonas de alto riesgo tienen tratamientos silvícolas actualizados.
Los vecinos de Leciñena ya no hablan de «cuándo se apagará», sino de «qué quedará cuando se apague». En la plaza del pueblo, una pizarra improvisada reúne nombres de quienes colaboran con agua, comida y refugio. Nadie menciona el verano. Solo dicen: «Hasta que no pase el lunes, no respiramos».
