Un proyectil impactó a las 3:17 horas en una vivienda de Bint Jbeil, al sur del Líbano. No hubo víctimas, pero las ventanas estallaron como cristal de caramelo. A 12 kilómetros, en la frontera israelí, un tanque Merkava IV se desplegó al amanecer. Nadie retiró las órdenes de combate.
El acuerdo de alto el fuego anunciado el 8 de junio en Washington se deshizo en menos de 48 horas. Hezbolá, respaldado por Irán, lo rechazó públicamente. Israel no retiró ni una sola unidad de suelo libanés. Y el presidente estadounidense Donald Trump, que apostó su diplomacia regional en esta negociación, vio cómo su plan se desinflaba ante el silencio de Teherán y la firmeza de Beirut.
El alto el fuego que nunca entró en vigor
El diálogo en Washington fue frágil desde el inicio. Participaron representantes de Estados Unidos, Líbano, Francia, Egipto y Qatar, pero Hezbolá no estuvo presente. Su respaldo político lo dio Irán, que exigió como condición previa el cese total de las operaciones israelíes en el sur del Líbano. Cuando Israel anunció que mantendría sus tropas «hasta garantizar la seguridad de su frontera norte», Teherán respondió con una advertencia pública: «Cualquier prolongación de la ofensiva israelí activará respuestas directas».
Antecedentes del conflicto actual
El enfrentamiento actual es la escalada más grave desde la guerra de 2006. En los últimos 18 meses, Hezbolá ha lanzado más de 1.200 cohetes contra posiciones israelíes, según datos del Ejército israelí. A cambio, Israel ha realizado 317 operaciones aéreas y terrestres en el sur del Líbano, según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. La población civil libanesa ha sufrido el 83 % de los daños registrados en infraestructuras esenciales: hospitales, escuelas y redes eléctricas.
Irán condiciona la paz a la retirada israelí
El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní emitió una declaración el 9 de junio: «No habrá acuerdo sin retirada inmediata, verificable y total de las fuerzas israelíes del territorio libanés». La frase no fue retórica. Ese mismo día, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) movilizó tres batallones de artillería de precisión en la provincia iraní de Kermanshah, a menos de 200 kilómetros de la frontera iraquí con Siria.
Estados Unidos y sus aliados europeos respondieron con una declaración conjunta el 10 de junio. Acusaron a Irán de «planear ataques letales en Europa, América del Norte y Australia». No se dieron detalles operativos, pero sí se mencionó la detención de dos agentes iraníes en Alemania, vinculados a un supuesto plan contra diplomáticos israelíes en Berlín.
El rol de Trump en la diplomacia regional
La administración Trump ha invertido capital político en el Líbano como puerta de entrada a un acuerdo más amplio con Irán. El 7 de junio, el presidente estadounidense afirmó en una entrevista con Fox News: «Si logramos estabilidad en el sur del Líbano, el resto del Medio Oriente se alinea». Pero el rechazo de Hezbolá, la falta de control del gobierno libanés sobre su territorio y la postura inflexible de Israel, que exige garantías de desarme previo, han convertido el diálogo en un ejercicio de diplomacia simbólica.
Estados Unidos y sus aliados activan alertas de seguridad
La condena internacional no es solo verbal. Estados Unidos elevó su nivel de alerta en embajadas de Atenas, Nicosia y Beirut. Francia reforzó su contingente en la Fuerza Interina de las Naciones Unidas para el Líbano (FINUL) con 400 soldados adicionales. Y Reino Unido activó su protocolo de emergencia para ciudadanos en el Líbano, incluyendo evacuaciones voluntarias desde Tiro y Sidón.
Marco legal y normativo aplicable
El conflicto se desarrolla bajo el marco de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que exige el desarme de Hezbolá, la retirada israelí y el despliegue de la FINUL. Pero desde 2006, ninguna de las tres condiciones se ha cumplido plenamente. La FINUL opera con 10.000 efectivos, pero carece de autoridad para desarmar a milicias. Israel justifica su presencia con el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que reconoce el derecho a la legítima defensa. Hezbolá, por su parte, se ampara en la soberanía libanesa y en su estatus como «resistencia armada» reconocida por el Estado libanés.
Claves del asunto
- El alto el fuego anunciado en Washington no entró en vigor tras el rechazo de Hezbolá y la negativa de Israel a retirar tropas.
- Irán condiciona cualquier acuerdo de paz con Estados Unidos al cese total de operaciones israelíes en el sur del Líbano.
- Se han registrado más de 1.200 lanzamientos de cohetes de Hezbolá y 317 operaciones israelíes en los últimos 18 meses.
- Estados Unidos, Francia, Alemania, Reino Unido, Australia y Canadá emitieron una condena conjunta por planes «letales» atribuidos a Irán en suelo occidental.
- La Resolución 1701 de la ONU sigue incumplida: ni Hezbolá está desarmado, ni Israel ha retirado sus fuerzas, ni la FINUL tiene capacidad real de imponer el cese de hostilidades.
