Una mujer de 42 años entró al Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol el 2 de junio con fiebre, ictericia y dolor abdominal. No sabía que era el primer caso de un brote silencioso de hepatitis A que ya ha afectado a ocho personas en Narón, en la provincia de A Coruña.
El brote ha obligado a la Consellería de Sanidade a activar protocolos de emergencia epidemiológica. Siete de los ocho afectados requirieron ingreso hospitalario. Seis fueron atendidos en Ferrol y uno fue trasladado a un centro en Alemania, donde reside. Todos ya han recibido el alta médica.
Seis casos comparten un vínculo epidemiológico probable
Los equipos de epidemiología identificaron un posible nexo entre seis de los ocho contagiados. Pero no es un vínculo único: los afectados no coincidieron en un mismo lugar, ni en una fecha concreta, ni en un alimento específico. Hubo distintos puntos de exposición: algunos acudieron a un mismo bar, otros consumieron productos de una tienda local, y al menos dos trabajan en el mismo polígono industrial. Esa dispersión complica la trazabilidad.
La hepatitis A se transmite por vía fecal-oral, generalmente por agua o alimentos contaminados, o por contacto estrecho con una persona infectada. Su período de incubación oscila entre 15 y 50 días. Por eso, las autoridades advierten que el brote podría no haber terminado: los últimos casos se registraron el 26 de junio, pero nuevos contagios podrían aparecer hasta mediados de agosto.
La vacunación preventiva ya está en marcha
Ante la imposibilidad de identificar con certeza la fuente, la Dirección General de Salud Pública optó por la estrategia de contención más eficaz: la vacunación postexposición. Hasta la fecha, 20 personas consideradas contactos estrechos han recibido la dosis de la vacuna contra la hepatitis A. La inmunización es efectiva si se aplica dentro de las dos semanas posteriores al contacto.
Además, se han recogido muestras ambientales y alimentarias en establecimientos sospechosos. Los análisis microbiológicos fueron enviados al Centro Nacional de Microbiología del Instituto Carlos III, el laboratorio de referencia nacional. Sus resultados son clave para confirmar si todos los casos están genéticamente vinculados —lo que confirmaría un brote único— o si se trata de infecciones independientes.
El marco legal exige respuesta inmediata y transparencia
La detección y gestión de brotes de enfermedades transmisibles está regulada por la Ley 28/2022, de 22 de abril, de salud pública, y por el Real Decreto 1030/2023, que actualiza el sistema de vigilancia epidemiológica. Estas normas obligan a las comunidades autónomas a notificar de forma inmediata los casos de hepatitis A al Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad.
En Galicia, la Consellería de Sanidade actúa bajo el Plan de Vigilancia Epidemiológica de Enfermedades de Declaración Obligatoria, que exige investigación de campo en menos de 48 horas desde la notificación. El retraso en identificar la fuente no exime de cumplir con los plazos de comunicación a la ciudadanía: el pasado lunes, la información fue difundida por Europa Press, pero aún no hay comunicado oficial detallado ni recomendaciones específicas para la población de Narón.
Claves del asunto
- El brote se detectó entre el 2 y el 26 de junio de 2026, con ocho casos confirmados.
- Siete personas fueron hospitalizadas, seis en el Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, uno en Alemania.
- Se ha vacunado a 20 contactos estrechos, pero la cadena de transmisión sigue sin esclarecerse.
- Los análisis del Instituto Carlos III determinarán si los casos comparten cepa viral y confirman un origen común.
- La hepatitis A no tiene tratamiento específico, pero la vacuna postexposición es altamente efectiva si se aplica a tiempo.
Antecedentes: brotes similares en Galicia
En 2022, una veintena de casos de hepatitis A se registraron en Pontevedra, vinculados al consumo de almejas crudas procedentes de una zona de cultivo contaminada. En 2019, otro brote en Lugo se asoció a un restaurante que usaba agua no tratada para lavar ensaladas. En ambos casos, la trazabilidad fue posible gracias a entrevistas detalladas y análisis de muestras de alimentos. Esta vez, la dispersión geográfica y ocupacional de los afectados dificulta ese camino.
La población de Narón, de casi 40.000 habitantes, no ha recibido aún recomendaciones oficiales sobre higiene alimentaria o consumo de agua. Tampoco se ha activado una campaña de información en centros de salud, colegios o mercados locales. Mientras tanto, los afectados —entre ellos dos menores de edad— enfrentan secuelas como fatiga prolongada y alteraciones hepáticas leves, que pueden durar semanas. Para las familias, el impacto va más allá de lo médico: ausencias laborales no justificadas, costes de desplazamientos a Ferrol y una incertidumbre que no cesa.
