En Villanueva del Trabuco, Paqui Caro (42) abre las puertas del corral a las 5:45 horas. El aire aún huele a rocío y a estiércol fresco. Sus manos, curtidas y sin anillos, acarician el lomo de una cabra recién parida. No hay nadie más. Solo ella, 250 cabras y 50 ovejas. Ningún socio, ningún hermano, ningún marido. Solo una mujer que dejó la hostelería para rescatar una explotación familiar que nadie quería heredar.
La carne que vende Paqui cuesta 18,50 €/kg en el mercado local. Ella recibe 5,20 €/kg. Esa brecha no es un dato aislado: es la fractura que atraviesa el campo español. Y no se cierra con subvenciones, sino con políticas que lleguen a tiempo —y a tiempo real— a quienes levantan cada día con el alba.
Paqui no es una excepción: es un síntoma del campo en silencio
En Málaga, el 68 % de las explotaciones ganaderas extensivas tienen menos de 100 cabezas. El 41 % están gestionadas por mujeres, pero menos del 12 % aparecen como titulares en los registros oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Paqui sí figura. Pero no porque el sistema la reconozca, sino porque ella lo exigió.
Su explotación no está integrada en ninguna cooperativa. No recibe ayudas directas del PAC (Programa de Ayudas al Sector Ganadero) por no cumplir el umbral de facturación mínima exigido. Tampoco accede al Plan Estratégico de la PAC 2023–2027, porque su solicitud fue rechazada por “falta de viabilidad técnica” —aunque su explotación lleva 17 años operativa y sin deudas.
La ley de nietos no cubre a las ganaderas sin herederos
El vacío legal que silencia a las mujeres del campo
La Ley de Nietos, aprobada en 2022, permite la transmisión de explotaciones agrarias a descendientes sin pagar impuestos de sucesiones. Pero Paqui no tiene hijos. Tampoco hermanos ni primos interesados. Su hermana vive en Barcelona y trabaja en logística. Su madre, jubilada, ya no puede subir al corral.
El artículo 12 de la ley exige “vínculo de consanguinidad directa o colateral hasta segundo grado”. No contempla la adopción de sucesores por vía profesional, ni la figura del aprendiz ganadero, ni tampoco la posibilidad de traspaso a cooperativas locales o jóvenes agricultores sin vínculo familiar.
En 2025, solo el 3,7 % de las solicitudes de acceso a tierras del Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA) fueron presentadas por mujeres ganaderas solas. Ninguna fue aprobada en Andalucía.
La burocracia mata antes que la sequía
Paqui pasa 3,2 horas diarias en trámites: declaraciones IVA simplificadas, registros sanitarios del Servicio Andaluz de Salud Animal, justificantes de bienestar animal para la Junta de Andalucía, y formularios del Fondo Europeo Agrícola de Garantía (FEAGA). Todo en papel o con certificados digitales que caducan cada 90 días.
“No es que no quiera hacerlo. Es que no tengo tiempo para cuidar a las crías y rellenar un formulario que luego se pierde en un servidor de Bruselas”, dice mientras revisa el parto de una cabra en el establo.
El Real Decreto 1076/2022, que regula la trazabilidad ganadera, obliga a registrar cada nacimiento, desplazamiento y sacrificio en menos de 24 horas. Paqui lo hace con una tableta que se descarga cada vez que llueve.
La soledad no es un valor añadido: es un riesgo laboral
El precio invisible del trabajo no remunerado
Paqui no cobra salario. No cotiza por desempleo. Su única pensión prevista es la mínima por cotización voluntaria: 712,40 €/mes si llega a los 65 años sin interrupciones. Pero el Instituto Nacional de la Seguridad Social advierte que el 83 % de las mujeres ganaderas autónomas no alcanzan el mínimo de 15 años cotizados.
No hay guardias civiles rurales en Villanueva del Trabuco desde 2019. No hay veterinario de guardia en un radio de 40 km. No hay transporte público para llevar la leche a la planta de transformación de Antequera.
Y sí hay un dato que no aparece en ningún informe oficial: el 72 % de las mujeres ganaderas andaluzas han sufrido episodios de ansiedad diagnosticados, según un estudio piloto del Colegio Oficial de Veterinarios de Málaga (2025).
Claves del asunto
- Paqui Caro gestiona 250 cabras y 50 ovejas sin apoyo familiar ni técnico.
- Recibe 5,20 €/kg por carne que se vende a 18,50 €/kg en el mercado.
- La Ley de Nietos no contempla sucesión a no familiares ni a cooperativas.
- Dedica 3,2 horas diarias a trámites burocráticos obligatorios.
- Su pensión prevista es de 712,40 €/mes, con alta probabilidad de no alcanzar el mínimo cotizado.
La historia de Paqui no es una anécdota rural. Es el retrato en tiempo real de una política agraria que sigue midiendo el campo con reglas diseñadas para latifundios, no para mujeres que ordeñan cabras bajo el sol de Málaga y firman sus propios formularios con dedos temblorosos de cansancio.
