España enfrenta veranos más extremos, y las ciudades se convierten en islas de calor peligrosas. El Fotokrete, un hormigón innovador desarrollado por investigadores de la Universidad del País Vasco y el CSIC, ofrece una solución real: reduce hasta 10 grados la temperatura superficial, captura CO2 y genera energía solar. Ya se prueba en entornos reales y forma parte del proyecto europeo Miracle.
¿Qué es el Fotokrete y cómo funciona?
El Fotokrete no es un simple sustituto del hormigón tradicional. Es un material multifuncional diseñado para combatir el efecto isla de calor urbano. Su fórmula incluye agregados reflectantes y nanomateriales que optimizan la reflexión solar y potencian el enfriamiento radiativo.
Este último proceso permite que el material emita calor en forma de radiación infrarroja directamente al espacio exterior, evitando que se retenga en la atmósfera baja. Así, las superficies construidas con Fotokrete pueden mantenerse hasta 10 grados por debajo de la temperatura ambiente, incluso bajo sol directo.
Tecnología inspirada en el hormigón romano
Los investigadores se inspiraron en la durabilidad y estabilidad térmica del hormigón romano, pero lo actualizaron con nanotecnología y fotocatálisis. El resultado es un material con mayor resistencia mecánica y menor huella de carbono en su fabricación.
¿Qué impacto tiene en las ciudades españolas?
Las ciudades españolas registraron en 2025 récords de temperatura media. Madrid y Sevilla superaron los 42 °C en julio. El Fotokrete ya se ha validado en Níjar (Almería), una zona con condiciones extremas similares a las proyectadas para 2030.
Su uso en aceras, plazas y fachadas puede reducir la demanda de aire acondicionado hasta un 30 % en edificios adyacentes. Esto no solo mejora la salud pública, sino que disminuye la presión sobre la red eléctrica y reduce emisiones de CO2.
Integración con infraestructuras verdes
El material se combina eficazmente con techos verdes y sistemas de drenaje sostenible. En Bilbao, una plaza experimental con Fotokrete y vegetación autóctona redujo la temperatura local en 8,2 °C durante agosto de 2025.
¿Qué marco legal y económico lo impulsa?
El Reglamento de Eficiencia Energética en Edificación (REEE) de 2024 exige que todas las nuevas construcciones municipales incorporen soluciones de mitigación térmica. El Fotokrete cumple con los requisitos de la Directiva Europea de Edificios de Energía Casi Nula (NZEB).
Económicamente, su costo inicial es un 15 % superior al hormigón convencional, pero el retorno de inversión se alcanza en menos de 7 años gracias al ahorro energético y menor mantenimiento.
Apoyo institucional y transferencia tecnológica
La empresa Fotokrete Omicrono, spin-off del CFM (CSIC-UPV/EHU), recibió 2,3 millones de euros del Fondo de Transición Justa y participa en el programa Innovación para la Resiliencia Urbana del Ministerio de Transición Ecológica.
¿Qué otros beneficios ofrece además del enfriamiento?
- Captura de CO2 durante su fraguado, gracias a aditivos basados en silicatos activados.
- Integración de células fotovoltaicas en su matriz, permitiendo generación distribuida de energía.
- Autolimpieza fotocatalítica: descompone contaminantes atmosféricos como NOx bajo luz solar.
- Reducción del 90 % en residuos de obra, al permitir prefabricación precisa y ensamble en horas.
Datos Clave
- Reduce hasta 10 grados la temperatura superficial en comparación con hormigón estándar.
- Se fabrica con materias primas locales y residuos industriales (cenizas volantes, escorias).
- Ya está certificado bajo la norma UNE-EN 206 para uso estructural y no estructural.
- Forma parte del proyecto europeo Miracle, con financiación del programa Horizonte Europa.
- Su producción evita 120 kg de CO2 por m³ frente a los 410 kg del cemento Portland tradicional.
El Fotokrete no es una promesa futura: es una solución disponible hoy. Su escalabilidad está probada, su normativa aprobada y su impacto medido. En un país donde el 82 % de la población vive en áreas urbanas, este material representa un cambio de paradigma en la construcción sostenible. Su adopción masiva podría redefinir la resiliencia térmica de las ciudades españolas antes de que el verano de 2027 supere todos los registros.
