El lehendakari Imanol Pradales camina bajo la sombra de los olmos del Parque de la Concordia en Donostia, mientras un grupo de niños recita versos en euskera frente a una pancarta con la frase ‘Hizkuntza da askatasuna’. Son las 11:23 de la mañana del sábado 12 de marzo de 2026. A su espalda, el sonido de una txalaparta marca el ritmo de una clase abierta de lengua vasca. Más de 142.000 personas estudian euskera en la CAPV, según datos oficiales de 2025 —un 27 % más que en 2020—, pero el desafío sigue siendo estructural: solo el 38,4 % de la población lo usa diariamente.
El euskera como eje de convivencia, no de imposición
Pradales no habla de obligaciones. Habla de apego. En su discurso ante 800 personas en el Palacio Euskalduna, rechazó tajantemente cualquier lectura autoritaria de la política lingüística: “No queremos que el euskera se asocie con la sanción, sino con la posibilidad de cantar en otro tono, de reír con otra cadencia, de amar en otra gramática”. La frase, repetida en redes por más de 12.000 usuarios en menos de dos horas, sintetiza un giro estratégico: el Gobierno vasco abandona el discurso de la corrección lingüística para apostar por la emoción compartida, la creatividad colectiva y la libertad expresiva.
La ley de normalización lingüística entra en vigor el 12 de agosto
El 12 de agosto de 2026, la Ley 10/2026 de Normalización Lingüística se aplicará íntegramente en todos los ámbitos públicos. No es una ley nueva, sino la consolidación de una reforma que amplía los derechos lingüísticos en la administración, la educación y los medios. Entre sus novedades: la obligatoriedad de que el 60 % de los contenidos audiovisuales de EITB sean en euskera antes de 2028; la exigencia de que los centros educativos ofrezcan al menos un 40 % de su currículo en euskera —con flexibilidad para contextos rurales—; y la creación de una Red de Espacios de Inmersión Lingüística en 32 municipios con menos del 20 % de hablantes activos.
Antecedentes: del estatus de supervivencia al de dinamización
Hace tres décadas, el euskera era una lengua en riesgo de extinción funcional. En 1991, solo el 14,4 % de la población lo usaba con soltura. La Ley de Normalización de 1982 y la creación de Ikastolas y HABE marcaron el primer impulso. Pero fue la reforma de 2011 —que introdujo el modelo D (euskera como lengua vehicular) en la enseñanza— la que cambió la curva. Hoy, el 72 % de los estudiantes de Primaria se educa en euskera. Sin embargo, el salto al ámbito laboral sigue siendo frágil: solo el 29 % de las ofertas de empleo en la CAPV exigen o valoran el conocimiento del euskera.
El reto de los municipios rurales y la nueva generación
En Ferran, un pueblo de 847 habitantes en Álava, el alcalde Alcalde del pueblo de Ferran ha activado un plan piloto: todos los trámites municipales se ofrecen en euskera por defecto, pero con opción de cambio inmediato al castellano. “No es cuestión de imponer, sino de hacerlo visible, cotidiano, natural”, explica. En ese mismo municipio, el 92 % de los menores de 12 años lo hablan, pero solo el 18 % de los mayores de 65 lo usa con soltura. La brecha generacional sigue siendo el mayor obstáculo.
Claves del asunto
- La Ley 10/2026 entra en vigor el 12 de agosto de 2026, reforzando derechos y obligaciones en administración, educación y medios.
- El 38,4 % de la población de la CAPV usa el euskera diariamente, según el IV Estudio Sociolingüístico de 2025.
- El 72 % de los estudiantes de Primaria se educa en euskera, pero solo el 29 % de las ofertas de empleo lo exigen o valoran.
- La nueva estrategia del Gobierno vasco prioriza el apego emocional, la creatividad y el orgullo compartido, no la sanción ni la obligación formal.
Consecuencias reales para las familias y los trabajadores
Para Vicente y Maribel, que viven en una autocaravana y recorren el País Vasco enseñando euskera en talleres comunitarios, la nueva ley significa más financiación para sus proyectos itinerantes. Para Ricardo, electricista, de 54 años, implica acceso gratuito a cursos intensivos de euskera en su centro de formación de la Seguridad Social, con reconocimiento de créditos para su certificación profesional. Y para Cristina Muñiz, periodista de 31 años, significa que su hijo de 4 años podrá acceder a una plaza en una guardería bilingüe sin listas de espera —una realidad que, hasta 2025, afectaba al 63 % de las familias en zonas urbanas.
El marco legal no opera en el vacío. Se articula con la Ley de Bienestar Animal, la Ley de Tabaco, la Ley de Arrendamientos Urbanos, y la reciente reforma de la Normativa de Ascensores, todas vigentes desde 2025 y 2026. Pero el euskera, como eje transversal, atraviesa cada una: los manuales técnicos de los ascensores deben incluir instrucciones en euskera; los contratos de alquiler en zonas con más del 30 % de hablantes deben ofrecer versión bilingüe; y los folletos de prevención del tabaquismo en centros de salud están ya disponibles en tres lenguas: castellano, euskera y árabe.
El orgullo no se decreta. Se cultiva. Y el 12 de agosto, ese orgullo tendrá nombre, fecha y marco legal.
