Un olor a leche fresca y sal marina flota en el aire de la planta de Celega, en Lugo. Allí, a las 6:15 de la mañana, los camiones de ganaderos de Lemos y Coreber descargan 450.000 litros de leche al día. En la sala contigua, el queso Cagliata ecológico se forma bajo estrictos protocolos de trazabilidad. A 200 kilómetros, en la ría de Arousa, los técnicos de Porto-Muiños revisan las redes de cultivo donde crece el kombu de azúcar: una alga que no solo alimenta, sino que repara el mar.
Dos proyectos gallegos lideran la revolución agroalimentaria sostenible
Galicia ha dejado de ser solo tierra de exportación para convertirse en laboratorio de soberanía alimentaria con impacto global. Los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles, en su séptima edición, han reconocido a Celega y Porto-Muiños entre los diez ganadores nacionales. No es un galardón simbólico: es la validación técnica, ambiental y económica de un modelo que ya genera empleo estable en zonas rurales envejecidas y reduce la huella hídrica y de carbono por debajo de la media nacional.
Celega transforma leche en economía circular
De la cooperativa al biogás
En 2017, las cooperativas Lemos y Coreber adquirieron Celega con un objetivo claro: evitar que el valor de la leche se evaporara en cadenas de distribución lejanas. Hoy, la empresa no solo elabora queso, sino que gestiona su ciclo completo. Su planta de biogás convierte residuos lácteos en energía para autoabastecerse. Los paneles fotovoltaicos cubren el 32 % de su demanda eléctrica. Y su sistema de recuperación de agua reduce el consumo en un 41 % frente a plantas convencionales.
El queso Cagliata ecológico, base de mozzarellas y burratas premium, es el primer producto de este tipo certificado en España. Su proceso evita el uso de cuajo animal y emplea fermentaciones controladas con cepas autóctonas. Cada kilo de queso evita la emisión de 2,7 kg de CO₂ equivalente, según el informe de huella de carbono validado por AENOR en 2025.
Porto-Muiños cultiva algas que regeneran el mar
Pioneros desde 1999
Fundada en 1999, Porto-Muiños fue la primera empresa española en certificar cultivos ecológicos de algas para consumo humano. Su kombu de azúcar no es recolectado del mar, sino cultivado en zonas controladas de la ría de Arousa, con monitoreo semanal de metales pesados, nutrientes y biodiversidad asociada. Cada hectárea de cultivo mejora la calidad del agua y actúa como refugio para larvas de merluza y sardina.
El kombu se seca al sol y se comercializa sin aditivos. Su alto contenido en yodo orgánico y polifenoles marinos lo convierte en ingrediente estratégico para la industria de alimentos funcionales. En 2025, la empresa exportó a 12 países de la UE y Japón, con un crecimiento del 23 % en volumen respecto al año anterior.
Claves del asunto
- Celega procesa 450.000 litros de leche al día, con planta de biogás y generación fotovoltaica propia.
- El queso Cagliata ecológico es el primer producto de su tipo certificado en España, usado como base para mozzarella y burrata premium.
- Porto-Muiños lleva más de 25 años cultivando algas ecológicas en la ría de Arousa, con impacto positivo en la calidad del agua y la biodiversidad marina.
- Ambos proyectos cumplen con el Reglamento UE 2018/848 sobre producción ecológica y están alineados con los objetivos de la Estrategia de la UE “De la Granja a la Mesa” y la Ley 7/2023 de Transición Ecológica en España.
La sostenibilidad ya no es una etiqueta: es un sistema productivo verificable, rentable y arraigado. En Galicia, donde el 68 % de los municipios tienen menos de 2.000 habitantes, estos proyectos evitan la despoblación al generar empleo cualificado —el 72 % de los trabajadores de Celega y Porto-Muiños son menores de 45 años— y vinculan la producción al territorio. No se trata de vender queso o alga: se trata de vender resiliencia, trazabilidad y futuro. Y el mercado lo está pagando: el precio medio del Cagliata ecológico supera en un 39 % al del queso convencional, mientras que el kombu de azúcar alcanza márgenes del 54 % en canales especializados. La sostenibilidad, al fin, tiene precio —y cuenta.
