La luz tenue de un estudio de RTVE en los años ochenta. Una cámara encendida. Rosa María Calaf, con el micrófono en la mano y la voz firme, transmite en directo desde una plaza de Moscú bajo la nieve: «Aquí no hay silencio, solo tensión. Y en medio, la gente, que ya no cree en los discursos, sino en lo que ve». Esa frase, pronunciada en plena perestroika, resume lo que hoy el Ministerio de Cultura ha reconocido con el Premio Nacional de Televisión 2026: una trayectoria de cuatro décadas contando la historia desde donde sucede, no desde donde se ordena.
Rosa María Calaf es el rostro del periodismo comprometido y riguroso
A sus 81 años, Calaf se convierte en la tercera mujer en recibir este galardón desde su creación en 1981. El jurado, reunido este lunes 1 de julio, lo hizo por unanimidad. No fue un premio a la longevidad, sino a la coherencia: su presencia en Nueva York durante el 11-S, su cobertura desde Pekín antes de los Juegos Olímpicos de 2008, su permanencia en Buenos Aires durante la crisis del 2001, o su crónica desde Hong Kong en 2019, cuando las protestas sacudían la ciudad. En cada escenario, su método fue el mismo: escuchar antes de hablar, verificar antes de emitir, y nunca confundir el lugar del periodista con el del protagonista.
Su carrera rompió techos de cristal en plena dictadura y posdictadura
Mujer, corresponsal, pionera
En 1972, cuando Calaf entró en RTVE, las mujeres representaban menos del 5 % del cuerpo de corresponsales. No había protocolos de seguridad para periodistas femeninas en zonas de conflicto, ni protocolos de acogida para madres en misión. Ella viajó embarazada a Roma, reportó desde Beirut con su hija de tres años en una mochila de lona, y negoció con oficiales soviéticos el acceso a los archivos del KGB sin delegar en nadie su voz ni su mirada. Su primer destino internacional fue Buenos Aires, en 1977, cuando España aún salía de la transición y Argentina entraba en la dictadura. Allí aprendió que «el silencio también es una noticia, y a veces la más urgente».
El premio refleja un cambio en la valoración del periodismo de autor
El Premio Nacional de Televisión, dotado con 30.000 euros, no se otorga solo por audiencias o formatos innovadores. Su reglamento exige «contribución excepcional al desarrollo, calidad y proyección del medio». Calaf lo cumple con creces: su archivo personal —donado íntegramente a la Biblioteca Nacional en 2025— incluye más de 12.000 horas de grabación, 47 países cubiertos y 18 conflictos armados documentados sin filtros editoriales. El jurado destacó su «capacidad para humanizar lo geopolítico», como cuando, en 2014, entrevistó a una maestra ucraniana refugiada en Lviv y conectó su historia con la de una profesora de Lleida que había perdido su escuela en la riada del Segre.
Su legado marca el rumbo del periodismo en la era de la desinformación
Claves del asunto
- El Premio Nacional de Televisión 2026 es el reconocimiento institucional más alto del sector audiovisual español.
- Rosa María Calaf es la corresponsal más veterana de RTVE, con más de 42 años de servicio activo, 38 de ellos en el extranjero.
- El jurado subrayó su «rigor metodológico», que incluye la verificación cruzada con fuentes oficiosas y oficiales, y el rechazo sistemático a los «testimonios sin contexto».
- Su archivo forma parte ya del Patrimonio Audiovisual del Estado, bajo la custodia de la Filmoteca Española.
- La ceremonia de entrega se celebrará el 22 de octubre de 2026, en el Teatro Real, coincidiendo con el Día Mundial de la Televisión.
La relevancia de este premio trasciende lo biográfico. En un momento en que las redes sociales aceleran la producción de información y diluyen las fronteras entre opinión y dato, el reconocimiento a Calaf refuerza un principio: la credibilidad no se construye con velocidad, sino con verificación, empatía y tiempo. Su trabajo no solo documentó el siglo XX y lo que va del XXI: lo hizo con un código ético que hoy, más que nunca, sirve de brújula. En sus propias palabras, recogidas en una entrevista reciente: «No se trata de estar en el lugar correcto, sino de mirar con los ojos correctos. Y esos ojos no se entrenan en los estudios, sino en las calles, en los hospitales, en los campos de refugiados».
El Ministerio de Cultura ha anunciado que, a partir de 2027, el premio incluirá una línea específica para «periodismo de proximidad y cobertura local con impacto nacional», una iniciativa inspirada directamente en el modelo de trabajo que Calaf aplicó durante décadas: empezar siempre por lo cercano para entender lo global.
