Un estruendo rasgó el amanecer del 24 de junio en La Guaira. Las ventanas estallaron como cristal de hielo. María, de 62 años, cayó de rodillas entre los escombros de su cocina mientras su nieto lloraba bajo una viga torcida. A las 5:47 a.m., un sismo de magnitud 6,4 sacudió la costa norte de Venezuela. Le siguió otro, de 6,1, dos horas después. En menos de 120 minutos, el país sumó 164 muertos y 900 heridos, según el último balance oficial de la vicepresidenta Delcy Rodríguez.
La Guaira está bajo escombros y silencio
La Guaira, puerto histórico y puerta de entrada a Caracas, es hoy un mapa de grietas. El 87 % de las viviendas del municipio Vargas reportan daños estructurales graves. El hospital Dr. José María Vargas, único centro de trauma de la región, opera con tres generadores y menos del 12 % de sus insumos médicos disponibles. Médicos trabajan con guantes reutilizados y jeringas esterilizadas en ollas de aluminio. Un técnico de emergencias contó a El Español que trasladaron a 42 heridos graves en una camioneta sin camilla: «No había camillas. Solo sábanas y tablas de madera».
El sistema sanitario colapsó antes del primer temblor
Venezuela no se derrumbó con el terremoto: ya estaba derrumbado. El salario mínimo nacional equivale a 0,18 euros mensuales, según el Banco Central de Venezuela. Desde 2022, el país ha perdido el 63 % de sus camas hospitalarias por falta de mantenimiento. En La Guaira, el 91 % de los centros de salud carecen de agua potable constante. El Ministerio de Salud reportó, en mayo de 2026, que solo 4 de cada 10 hospitales tienen oxígeno medicinal disponible. Esa fragilidad multiplicó la letalidad del desastre.
Antecedentes: una geografía vulnerable y una infraestructura abandonada
La falla de San Sebastián, que atraviesa el litoral venezolano, acumula energía sísmica desde 1967. Expertos del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) advirtieron en 2023 que la zona tenía una probabilidad del 78 % de sufrir un sismo mayor de 6,0 en la próxima década. Pero no hubo inversión en refuerzos sísmicos. Menos del 3 % del presupuesto nacional 2025 se destinó a mantenimiento de edificios públicos. En La Guaira, el 41 % de las escuelas y el 56 % de los puentes no cumplen normas de resistencia sísmica vigentes desde 2010.
La ayuda internacional llega con retraso y restricciones
Venezuela activó el mecanismo de cooperación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y solicitó asistencia a la Unión Europea, México, Colombia y España. Hasta el 25 de junio, solo México y Colombia habían desplegado equipos de rescate urbano certificados por la ONU. La UE aprobó 12 millones de euros en ayuda humanitaria, pero su entrega depende de la aprobación del Consejo Nacional Electoral (CNE), cuya legitimidad es cuestionada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Mientras tanto, 14.000 personas duermen en albergues improvisados bajo toldos verdes y lonas plásticas.
Marco legal: ¿qué dice la ley venezolana sobre desastres?
La Ley de Gestión de Riesgos y Protección Civil (2015) obliga al Estado a mantener un Sistema Nacional de Alerta Temprana y un Fondo de Emergencias con reservas mínimas de 150 millones de dólares. Según auditorías del Consejo Nacional de Planificación (2024), el fondo opera con menos del 7 % de su dotación mínima. Además, la ley exige simulacros obligatorios cada seis meses: en 2025, solo 3 de 23 municipios costeros los realizaron.
Claves del asunto
- 164 muertos y 900 heridos confirmados oficialmente tras dos sismos consecutivos en La Guaira.
- El sistema sanitario venezolano opera con menos del 12 % de sus insumos básicos.
- El salario mínimo equivale a 0,18 euros mensuales, lo que impide la reconstrucción privada.
- La Ley de Gestión de Riesgos (2015) exige reservas de 150 millones de dólares: el fondo tiene menos del 7 %.
- Equipos de rescate de México y Colombia son los únicos desplegados bajo estándares de la ONU.
La noche del 25 de junio, en el albergue del estadio Olímpico de La Guaira, un grupo de niños dibujó con tiza en el asfalto: «Queremos volver a casa». Nadie les dijo que sus casas ya no existen. Nadie les explicó que la tierra no fue la única que falló.
