Un avión de la Fuerza Aérea iraní sobrevuela Teherán al amanecer del 12 de junio de 2026. Abajo, en la plaza Azadi, cientos de ciudadanos escuchan en silencio un discurso transmitido en vivo desde la sede de la ONU en Ginebra: Donald Trump anuncia que un acuerdo con Irán podría firmarse este fin de semana. A los 12 minutos, la agencia Mehr publica los 14 puntos del borrador. Nadie en la plaza lo sabe aún, pero ese documento ya contiene una condición no negociable: 10.000 millones de euros congelados en bancos europeos deben ser liberados antes de la firma.
Irán fija condiciones no negociables para el acuerdo
Teherán no ha aceptado el calendario estadounidense. Lo ha reescrito. El borrador revelado por Mehr exige tres pilares simultáneos: la devolución inmediata de 10.000 millones de euros, garantías formales de que Israel no atacará Líbano, y una moratoria de 60 días sobre cualquier discusión relativa al programa nuclear iraní y al estrecho de Ormuz. No se trata de una propuesta de diálogo: es un memorando de entendimiento con cláusulas vinculantes desde la primera línea.
El gobierno iraní ha dejado claro que no negociará el contenido del documento. Solo su cronograma de implementación. Esa postura contrasta con la narrativa de la Casa Blanca, que insiste en que el acuerdo es «inminente» y «histórico». Pero en Teherán, el ministro de Relaciones Exteriores, Hossein Amir-Abdollahian, declaró ayer: «No hay paz sin soberanía. Y no hay soberanía sin control sobre Ormuz y sin acceso a nuestros fondos».
La paz depende de Líbano y del estrecho de Ormuz
El precio de la estabilidad libanesa
El segundo eje del borrador vincula directamente la seguridad de Líbano con la firma del acuerdo. Irán exige garantías escritas de que Israel no lanzará operaciones militares contra el sur del Líbano durante los próximos 18 meses. La exigencia no es simbólica: en las últimas 72 horas, la Fuerza Aérea israelí ha realizado 14 sobrevuelos cerca de la frontera con Hezbollah. Según fuentes de la ONU, el gobierno libanés ha recibido una nota verbal de Teherán: «Si Beirut no es protegido, el acuerdo no avanza».
Ormuz: el pulso por el corazón energético del mundo
El estrecho de Ormuz no aparece como un tema secundario. Aparece como línea roja. El borrador exige que, tras la firma, ningún país —ni siquiera aliados de EEUU— pueda exigir inspecciones navieras, cambios en rutas comerciales o despliegues militares en la zona durante 60 días. Ese periodo, según analistas de la Universidad de Teherán, servirá para reorganizar la flota iraní y reforzar la presencia de la Guardia Revolucionaria en las islas de Abu Musa y las Tres Hermanas.
El marco legal y las consecuencias reales para los afectados
¿Qué dice el derecho internacional?
Ningún tratado bilateral puede anular resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. La Resolución 2231 —que avaló el JCPOA de 2015— sigue vigente. Pero el borrador iraní no la cita ni la reconoce. En su lugar, invoca el Artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que reconoce el derecho a la autodefensa. Esa estrategia jurídica busca legitimar la presencia militar iraní en Ormuz como respuesta a amenazas externas, no como provocación.
Las familias libanesas ya sienten el impacto
En el sur de Líbano, 23.000 personas han sido desplazadas desde el 5 de junio. Las escuelas de Nabatieh permanecen cerradas. Un maestro de 42 años, Ali Fawaz, dijo a EFE: «Nos prometieron paz. Pero la paz no llega con aviones sobre nuestras cabezas». Mientras tanto, en los barrios de Teherán, los precios de los alimentos subieron un 12 % en 48 horas: los ciudadanos anticipan sanciones secundarias si el acuerdo se rompe.
Claves del asunto
- El borrador contiene 14 puntos, pero solo tres son condición sine qua non: fondos, Líbano y Ormuz.
- La cifra de 10.000 millones de euros equivale al 3,7 % de las reservas internacionales iraníes congeladas desde 2020.
- La moratoria de 60 días sobre el programa nuclear no implica congelación técnica: Irán seguirá enriqueciendo uranio al 60 %, según confirman fuentes de la AIEA.
- El estatus del estrecho de Ormuz se convierte en variable de ajuste del acuerdo, no en tema de discusión.
- La ausencia de la Unión Europea como mediadora refuerza el rol de China y Omán, que ya han recibido copias del borrador.
El riesgo de un acuerdo sin consenso regional
Un acuerdo firmado solo entre Washington y Teherán carece de anclaje en la región. Arabia Saudí ha convocado una reunión de emergencia del Consejo de Cooperación del Golfo. Jordania ha reforzado su frontera con Siria. Y en Beirut, el primer ministro Najib Mikati advirtió: «Líbano no es moneda de cambio». Si el pacto avanza sin su participación formal, el vacío de poder en el sur del Líbano podría ser ocupado por actores no estatales en menos de 72 horas. La paz, en este escenario, no se firma con tinta. Se sostiene con presencia, control y confianza —tres elementos que, hoy, están ausentes.
