En una consulta de Ontinyent, un hombre de 42 años entra con las manos temblorosas y la mirada perdida. Lleva tres semanas sin pisar su puesto de técnico en logística. No es una lesión física ni una infección. Es la primera vez que pide baja por ansiedad. El 38,7% de las bajas laborales por trastornos mentales en 2025 fueron por ansiedad y depresión, según la Seguridad Social. Y el número crece un 12,4% interanual.
El burnout ya no es una palabra de moda, es un diagnóstico médico frecuente
Alejandro Pereira, psicólogo clínico y fundador de Mentelem, lleva más de una década viendo cómo los trabajadores llegan a su despacho cuando ya no pueden sostenerse. “No vienen por estrés leve. Viene quien ha aguantado doce horas diarias, reuniones sin fin, correos a altas horas y una evaluación constante sin retroalimentación real”, dice. Su experiencia no es aislada: en 2025, más de 214.000 trabajadores recibieron baja por trastornos del estado de ánimo, un 27% más que en 2022.
La Organización Mundial de la Salud ya clasificó el burnout como síndrome ocupacional en 2019. En España, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales lo reconoce como riesgo psicosocial desde 2023. Pero la aplicación sigue siendo desigual. Solo el 19% de las empresas con más de 50 empleados tiene evaluaciones psicosociales actualizadas, según la Inspección de Trabajo.
El Hospital del Vinalopó marca un precedente nacional
En Elda, Alicante, el Hospital del Vinalopó se convirtió en 2025 en el primer centro sanitario de España en obtener el Distintivo de Empresa Saludable del Ministerio de Trabajo. No por casualidad: allí se redujeron un 41% las bajas por ansiedad en dos años, tras implementar protocolos de detección temprana, formación en liderazgo emocional y espacios de escucha estructurados.
¿Qué cambió en el Vinalopó?
- Se incorporó un psicólogo laboral en cada planta, con acceso directo y sin trámites burocráticos.
- Se eliminaron las evaluaciones anuales individuales y se sustituyeron por entrevistas trimestrales de bienestar, no de rendimiento.
- Se creó un sistema de alerta temprana: si un trabajador acumula más de tres días de ausencia por malestar general, se activa una revisión psicosocial inmediata.
Estas medidas no son costosas, pero sí requieren voluntad política interna. Y eso, en muchas pymes y administraciones públicas, sigue faltando.
Las consecuencias reales van más allá de la baja laboral
Cuando una persona se va de baja por ansiedad, no solo se interrumpe su salario. Se rompe su red de apoyo laboral, se deteriora su autoestima y, en el 32% de los casos, no vuelve al mismo puesto ni al mismo horario, según un estudio de la Fundación Adecco (2026). Muchos terminan en la economía informal, en jubilaciones anticipadas o en desempleo de larga duración.
En el caso de las mujeres, el impacto es aún más profundo: el 63% de las bajas por ansiedad corresponden a trabajadoras, y el 44% de ellas son madres con hijos menores. La carga dual —laboral y familiar— se convierte en un factor de riesgo estructural, no individual.
Marco legal: obligaciones que aún no se cumplen
La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a evaluar y actuar sobre los riesgos psicosociales. La Orden TMS/1201/2023 actualizó los criterios técnicos para su detección. Pero la Inspección de Trabajo multó a solo 1.247 empresas en 2025 por incumplimiento en este ámbito —menos del 0,3% del total auditado.
Claves del asunto
- El 38,7% de las bajas por trastornos mentales en 2025 fueron por ansiedad y depresión.
- Solo el 19% de las empresas grandes actualizan sus evaluaciones psicosociales.
- El Hospital del Vinalopó redujo un 41% sus bajas por ansiedad con intervenciones tempranas.
- El 63% de las bajas por ansiedad corresponden a mujeres, y el 44% son madres con hijos menores.
- La Inspección de Trabajo sancionó a menos del 0,3% de las empresas auditadas por negligencia en salud mental laboral.
La prevención no es un lujo, es una obligación legal y ética
Mentelem, la empresa fundada por Pereira, ya trabaja con 42 organizaciones en la Comunidad Valenciana. Su modelo no se basa en talleres puntuales, sino en acompañamiento continuo: desde la formación de mandos medios hasta la revisión de procesos de contratación y rotación. “No se trata de dar herramientas a los empleados para que aguanten más. Se trata de cambiar las condiciones que los están rompiendo”, afirma.
En un país donde el 72% de los trabajadores declara sentirse “emocionalmente agotado” al menos una vez por semana (Encuesta CIS, 2026), la salud mental ya no es un tema de recursos humanos. Es el nuevo indicador de sostenibilidad empresarial. Y el primer síntoma de su fracaso ya tiene nombre: 214.000 bajas, 12,4% más que el año anterior, y una lista de espera creciente en los servicios de salud mental del Sistema Nacional de Salud.
